lunes, 3 de marzo de 2014

Memorias de un ser despreciable.


-¿Me quieres? ¿Alguna vez me quisiste?- Le dije con lágrimas en los ojos y un dolor indescriptible mientras mi  cuchillo cortaba su ser.
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Estoy loco, lo sé, hace mucho me di cuenta, y sí, estoy loco,  todos lo estamos de alguna manera, pero lo mío es serio, salido de toda forma y convención, es una locura frenética y obsesiva, voy contra todos y contra todo porque sí, me obsesiono con estupideces con la misma facilidad con la que me embrutezco  de diferentes maneras, me obsesione con ella, maldito ese día.
El día estaba soleado, los pajaritos cantaban, la brisa de la primavera impregnaba el aire, es decir, todo estaba listo para que pasara algo supremamente hollywoodesco, y paso. Caminando por  aquella maldita calle, nos encontramos, una vieja amiga y yo, pero ella iba acompañada, de la que no sabía, sería mi perdición. Fue un encuentro fugaz, quedamos en salir algún otro día. Todo eso lo recuerdo poco, pero la intensidad con la que aparecen los ojos de su amiga desde ese momento en mis pensamientos es aterradora, luego me daría cuenta que tenía buenas razones para aterrarme, pero en ese momento solo pensé en pedirle su número, me lo dio.
Luego de unos interminables días de incertidumbre y ansiedad, con la mano temblando profusamente logre marcar su número, su voz era increíble, como música,  acepto mi tartamudeada invitación.
Soy un estúpido, no me digan que no porque yo sé que es verdad, aun quiero a las mujeres, las adoro, aún tengo la idea romancista de que son lo más bonito que hay, lo mejor que nos pudo pasar, que valdría la pena matar mil dragones y escalar cien  montañas por obtener el amor de una mujer, pero que va, a nadie le importa, frívolos y superficiales, todos, malditos.
Nuestra salida fue magnifica, la conversación estimulante, sus ojos espeluznantemente hermosos, la espiral de mi caída asomaba en un horizonte profano y borroso.
Fue cuestión de unas semanas para volvernos pareja, o alguna mierda así, yo que sé. Logre vislumbrar el hermoso monstruo que me tenía embrutecido. Con cada día me privaba más de mí mismo, me metamorfoseaba en una deforme sombra de ella, la obsesión convulsionaba mi vida, eso me pasa por loco, me tomo todo tan enserio, todo es tan verídico, llega un momento en que no hay diferencia entre lo que es verdad y lo que no, lo imaginario y lo real se confunden en un menjurje de sentimientos y sensaciones que me matan lentamente. A diferencia de mi increíble amor y apego, para ella yo era uno más, el segundo o el tercero, quizás el cuarto, era otro de los tantos que alimentábamos su ego infinito y su orgullo destructivo para con el resto del mundo. Le importaba un comino si estaba o no , excepto cuando no había más , me buscaba y me decía que me quería , solo para que yo estallara en una metralla insana de palabras y adjetivos tiernos, así se sentía bien . Así le gustaba usarme. Ella estaba más que consiente de su belleza sobre humana , de sus ademanes de princesa, de su personalidad enloquecedora y simpática, de su inteligencia sobrenatural; de lo talentoso que era su arte y en general el arte y la poesía que emanaba de su ser, lo sabía y se aprovechaba  .A todos nos hizo añicos. Lo disfruto. Lo decidí. Pase la delgada línea. Era mi turno.
Caminábamos de la mano una noche sin luna por las callejuelas de la urbe, yo tan enamorado que me daba asco y solo pensaba en venganza, ella pensando quizás en que haría mañana o de qué color se pintaría sus uñas, egoísta y ególatra, la amaba con todo mi ser.
-¿Me quieres? – le pregunte mirando hacia la noche.
-Claro, eres mi novio, te quiero mucho – me dijo como si estuviera ensayado.
-¿Cuánto? ¿Cuánto me quieres? – le dije buscando solo molestarla.
-Pues no se… eso no se puede medir ¿sabes?
- Ojala se pudiera – le dije con una sonrisa de oreja a oreja.
En lo que decíamos esto, una camioneta con los vidrios polarizados parqueo unos metros delante de nosotros. Se bajaron cuatro tipos con capuchas y las caras tapadas corriendo rápidamente hacia donde estábamos. Me apretó más fuerte la mano e hizo el ademan de empezar a correr pero ya estaban sobre nosotros. Solo oí su grito cuando la golpearon y cayó al suelo, a mí me pusieron una bolsa en la cabeza me amarraron las manos y me subieron al carro todo en menos de un minuto, sin palabras, como fantasmas venidos de otro mundo en el instante preciso en que los invoque, eran cumplidos.  Logre oír como Ana se levantaba del suelo con la sangre chorreando por su cara y empezaba a correr gritando un ¡nooo! Lo disfrute mucho.
Dejamos que pasara una semana , estaba seguro que para Ana fue una semana de angustias, ansiedades, denuncias largas e infructíferas audiencias con la ley, recordando cuanto me quería, quizás ahora podría decirme cuánto.
Finalmente uno de mis secuestradores la llamo, le dijo dónde estábamos, tendría que venir ella sola si quería volver a verme y traer cierta cantidad de dinero. Además le dijo que me estaban torturando y haciendo sufrir, no pararían si ella no se aparecía el día indicado. Su llanto a traves del auricular me dolió y casi, solo casi, me hace arrepentirme, ya lo dijo Maná,  y vuela cerca del sol pa'que sientas lo que es dolor, estaba cerca de llegar al sol.
Al entrar a la bodega en uno de los barrios más peligrosos y decadentes de la ciudad, estoy seguro que sintió el penetrante olor a amoniaco y a desechos, nos encargamos de que fuera lo más terrorífico y nauseabundo, se lo mereciera. 
Al llegar al centro de una pequeña sala llena de cuchillos, cadenas e instrumentos quirúrgicos formulo un escueto- ¿hay alguien hay? – .Mis secuestradores y yo salimos lentamente de las sombras y la rodeamos. Nunca olvidare su cara al ver la mía, de horror, incertidumbre, odio, miedo, amor y en la profundidad de sus ojos de miel, un sórdido arrepentimiento. Ana no sabía que decir, tenía razón, ya no había nada más que decir. Nos abalanzamos hacia ella dos de nosotros, la amarramos de pies y manos a una plataforma en la mitad de la pequeña sala maloliente. No podía dejar de gritar y maldecirme, imprecaciones totalmente vanas.
-¿Ahora me dirás cuanto me quieres?- le dije poniendo mi cara a unos pocos centímetros de ella. Me escupió.
-¿Por qué haces esto? ¿Qué te pasa? ¿Estás loco?
- Sí, estoy loco, loco por ti, tan loco que esta fue la ultima cita mas romántica que se me ocurrio.
- Suéltame, suéltame, estás loco; ¡ayuda! ¡Ayuda!
- Aquí nadie te va a oír, ni siquiera todas tus parejas y amantes, esta sola, condenada, como me condenaste a mí.
Ahora no quiero ser muy explícito, pero la torturamos, no me arrepiento de nada, en mi infinita locura eso está bien, antes la amaba; ahora la odio. Pero aun moriría por ella, de hecho, lo voy hacer. Debo aceptarlo, después de un rato su llanto me petrifico e hice que pararan, la quería a pesar de todo, a pesar del odio a raíz de su engaño, de su egoísmo, de su hermosura que ya no me dejaba vivir. No les pido que me entiendan  porque ni yo me entiendo. Solo quiero que se enteren de mi historia, trágica, absurda, pero al menos no es cliché.
-Te quiero,  te quise vertiginosamente , sin tapujos , con todo mi ser, enloquecido y embrutecido con el tuyo, no te importo ; te valió un soberano culo , me usaste para subir tu ego que va en marte, egoísta , desconsiderada, te amo, maldita sea.- le dije mientras mis ojos se llenaban de lágrimas y el mundo alrededor mío se consumía.
- Yo también te quiero, por favor suéltame, no me hagas más daño, te quiero, por favor podemos hablar, solo quiero salir de acá.
- No, ya paso el tiempo de hablar y de decir cosas, se acabó el tiempo, se acabó nuestro tiempo. Lo siento.
- ¿Qué? A que te refieres, ¡de que hablas!, suéltame maldito, suéltame ya, ¡desgraciado!-dijo desesperada. Mientras mi mano se hizo con un cuchillo.
-¿Me quieres? ¿Alguna vez me quisiste?- Le dije con lágrimas en los ojos y un dolor indescriptible mientras mi  cuchillo cortaba su ser. La sangre me cubrió todo, sus gritos ahora eran un susurro quedo e intermitente.
- De verdad te quise, eras el único que me quería… - Fueron sus últimas palabras, también las ultimas que escuche. Con el mismo cuchillo atravesé lo que quedaba de mí, entre a la muerte mirándola a los ojos.


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