domingo, 6 de diciembre de 2015

Un día en la vida para siempre.

Amanecer:

La sol-edad me taclea,
me cuesta abrir los ojos,
la belleza quema mis córneas,
la belleza que nace del sol,
de la esperanza de un futuro hermoso.

Deambulo por las callejas,
beso extraños,
mi amor renace y muere,
me encamo con extraños,
mi vida empieza y acaba,
el sol sigue brillando,
no abandonaré esta vida sin encontrarte,
no te conozco,
no te he visto,
pero estás ahí
en algún lugar,
en algún momento,
esperando,
escupiendo al aire,
viendo el sol nacer igual que yo.

Soy un idiota y lo sé,
pero hasta los idiotas tienen su encanto,
cántame antes de hablarme,
no he dormido un pestañeo
desde que supe que alguien,
alguien ahí afuera,
que ese alguien existía
y existía para mí mismo,
así como yo existía para ese alguien.

Busco por el lugar en donde empezar,
donde el sol pega con más claridad,
la vida me pesa en los hombros por las mañanas,
será otro día más,
igual que ayer y antes de ayer.
Esperando,
besando,
encamando.


A lo lejos lo veo,
llorando y lamiendo sus heridas
en un espejo de agua,
tímido, hermoso, radiante,
el sol no me deja verlo.
No,
no es el sol,
es él,
es su pelaje color canela lo que me deslumbra,
eres tú?

Es un zorro lastimado,
déjame verte más de cerca, por favor,
prefiero quedarme ciego a no verte,
siento algo en mí,
es un calor,
es el sabor de pie de limón recién horneado,
es el sol rodeándome,
es un vulpini canido,
esperando a un igual,
buscando,
esperando,
besando,
encamando,
igual que yo.

Eres tú, soy yo,
seremos nosotros?
Me arriesgaré a sentir?
Me arriesgaré a ser domesticado?
Lo domesticaré yo a él?
Gran Eros, bendice nuestra unión
del sol naciente se engendra la belleza,
el sol naciente es la promesa de un mañana mejor,
el sol naciente será nuestro,
solamente para verlo ponerse sobre nosotros,
dejar que el manto de la oscuridad nos cubra
para podernos susurrar amores secretos al oído,
cobijados, latentes, temerosos de sentir.
El sol poniente es nuestro futuro,
el sol poniente es por lo que luchamos y por lo que sufrimos,
así que, amor mío,
te quedarías para ver el atardecer conmigo?

Atardecer

No recuerdo cuando fue la última vez…
que nos tomamos el tiempo de mirar el atardecer,
de fundir esos pensamientos siluéticos de disparates con nuestra realidad, así fuera por un breve instante.

Todo nuestro pasado lo cargamos en los pies,
como fragmentos de un espejo dispersados en el piso,
nos recuerdan de lo que fue desear y ser deseado.
Abrazar el sentimiento,
dejar que las ambiciones recobren las riendas de nuestras vidas,
es lo poco que podemos hacer para disfrutar la puesta.

Desde cada esquina debería poder verse el atardecer,
momento precioso donde su frescura e importancia hablan de tú y yo.
Así como el oro en los campos de trigo y
la mortalidad de un niño y un vulpini canido,
deja que el sol y las nubes mueran eclipsados por nuestros pensamientos.

Mira a nuestras manos,
no necesitaremos más que los dos,
ambos encontramos por lo que luchamos.

Vasto, que vasto es el cielo,
que vasto que es el mundo,
como si el tiempo se parara,
es escalofriante,
tenerte tan cerca, primoroso,
radiante.

Tendremos permitido el atardecer la próxima vez?
Déjame, por favor,
caer junto al sol,
caer en tu regazo,
déjate también, por favor,
caer junto al sol,
caer tu mano en mi espalda.
Sean compasivos, Dioses, escuchen mi exigencia,
Déjenos caer, oh por favor,
caer juntos,
tú, el sol y yo.

Anochecer:

Ha caído la noche
ha caído la torre,
las clepsidras ya marcaron que es tiempo de cerrar.
No es una tarde cualquiera, no se puso el sol.
No hubo atardecer primero,
los atardeceres fueron arrasados,
opacados por la sangre de los zorros desollados,
opacados por el nigrido del tiempo,
la alquimia ya no me funciona, no sé más de transmutación,
la gaitas nos llamaron,
no nos llamaron a nuestras nupcias,
no nos llamaron a nuestro encuentro,
nos citaron a nuestros funerales.
           
Ya no son suficientes los versos de Borges,
las notas de Evans y Baker dejaron de importar,
sin ti mi canción no tiene sonido.
Ha caído mi noche,
ha caído mi torre,
ha caído mi coraza.
La erudición y la seguridad me abandonaron,
no me hables de sufrir, que de sufrir lo sé todo,
cuando te tuve fue un derroche,
cuando te fuiste cayó la noche,
te llevaste mis tardes
y los fantasmas de los zorros
mis atardeceres.

Mi clepsidra se rompió, ya ni sé qué hora es,
no es que trascienda tampoco,
El Mundo paró nuestro tiempo, rompió la estrella de mi reloj,
y yo solo ruego porque Los Amantes inviertan su sentido,
no me torturen más, cartas, no a mí que fui su crupier astral,
reorganícense a mi favor una última vez.

Mi fortaleza cayó, pues ya dije, y dijo Dios,
“Ha caído la torre”
El Gran Dragón Rojo mancilló mis cimientos,
mascó mis zorros y mis carnes después,
violó mi mente y me encerró fuera de la voluntad del Todopoderoso,
en un lugar solamente habitado por Lucifer que tanto lo mima,

y ese que habita ahí soy yo, o lo seré dentro de poco.

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