martes, 8 de octubre de 2019

PARACO

Para consentir la corrupción. 
Para comenzar a asesinar.
Para corregir la patria. 
Para comer campesinos. 
Para custodiar la coca.
Para costreñir al pueblo. 
Para contratar carniceros. 
Para consumir la existencia. 
Para construir infiernos. 
Para combatir la vida. 
Para considerar el suicidio. 
Para militares y asesinos.
Para descuartizar hermanos. 
        Madres          
 Padres 
          Hijas        
     Hijos. 


Para dejar de ser. 

Para ser

 m u e r t e . 


¡URIBE PARACO. 
PARACO HIJUEPUTA!





jueves, 23 de mayo de 2019

Colombia y la (des) Esperanza.


Estudiar Historia es una vaina muy jodida. Es un asunto de resiliencia e insensibilidad muy denso. Pasar 5 años inicialmente, y luego el resto de su vida si se dedica a la investigación o a ejercer la profesión, viendo cuanta atrocidad y locura se le ocurre a la gente desde que tiene la capacidad de pensar por sí misma, no es para cualquiera.
Si, es una mierda gigante. Es desilusionante, triste, doloroso y horripilante. Eso aplica para cualquier periodo o momento de la historia que a usted le plazca. ¡Ay!, pero si le dijera lo que le corre pierna arriba así usted sea o no colombiano, si se interesa por la historia de este bello pedazo de tierra atrapado entre dos océanos, no es nada fácil ni sencillo de entender ni de digerir.
Antes se debe asegurar de tener un estomago resistente, unos ojos con poca tendencia a llorar con facilidad y el corazón bien escondido y guardado bajo llave. La verdad no sé si esto se algo bueno o malo dentro de la disciplina, pero esta ahí. Al historiador luego de tanto estudiar el pasado se le enseña o se convierte en un ser insensible, lejano, como un espectador al que le vale verga lo que este viendo. Para el historiador solo son cifras, números, que se murieron tantos allá; que mataron a este montón por allá; que a fulano lo torturaron y asesinaron sádicamente junto con otros por esto y esto. Y ya. Así fue porque tales y tales intereses, o la economía era si, o la política, o simplemente eran unos grandísimos hijueputas los que hicieron eso y ya. Uno al leer esos textos es lo único que logra hacer, echar unos madrazos, asombrarse de que eso halla pasado y tratar de entender porque pasan las vainas que pasan. Y uno va cambiando. Los primeros semestres si se asombra, por lo menos yo llore varias veces leyendo relatos del siglo VI a.c o de la América precolombina y la conquista, o uno vaya a saber donde puede encontrar atrocidades mas ásperas.  Pero los semestres van avanzando y los ríos de sangre y de muertos pasan y pasan al frente de nuestros ojos y ya al final ni cuenta nos damos, nos acostumbramos a la sangre, a la perfidia, a las matanzas y a lo hijueputa que es la gente.
Eso nos paso y nos pasa bastante. Es que estudiando una carrera en la que el énfasis es la historia de Colombia, obviamente así tiene que ser, pero el lio es que uno se va volviendo un pirobo apático e indolente. Esto no es que uno quiera, claro que no. La vocación de servicio y lucha de los Historiadores y las Ciencias Humanas es increíble, pero es que la cantidad de sangre y desdicha de este país es absurda. Cinco materias son las obligatorias sobre la historia de nuestra republica bananera, ah y si quiere hay otro montón de optativas y electivas que puede ver para seguir horrorizándose con la barbarie colombiana.
Y empiezan las clases: que la guerra de conquista, después, la de independencia, que las guerras civiles del siglo XIX, que la guerra de los mil días, que después la Violencia, y después más violencia y guerra, y guerra y mas guerra y mas muertos y mas torturas y mas violaciones y mas muertos. Así es toda la hijueputa historia desde 1492 e incluso antes, en este pedazo de tierra, y ver eso y saberlo, cansa, desmoraliza, deprime.
Pensando sobre eso al final uno siempre termina culpando a los mismos: ¡desde el principio hasta hoy son los mismos malparidos! Ya sean españoles, criollos, elites, burgueses, blancos, aristócratas, políticos, terratenientes, latifundistas, paracos, ejercito o policía, siempre son los mismos. Es evidente que es una gran obviedad y que todo el mundo dice lo mismo, pero que es parce, así es.
No hay que darle tantas vueltas al asunto. Siempre se trata de que un grandísimo desgraciado que quiere tener más plata y más poder para así mandar sobre los pobres maricas que no tienen nada y poder comprar maricadas que no necesita y engordarse hasta que se estalle de tanta grasa y ponzoña. De verdad si uno lo piensa es una pendejada gigantesca, pero así es la gente. ¿De verdad así es la gente? ¿siempre ha sido así? ¿No hay otro remedio que aceptar la intrínseca hijueputez del homo sapiens sapiens hijueputicus?  A mi a veces me gusta pensar que no, porque conozco gente muy buena, muy chimba, que pareciera no tener un genocida adentro suyo, pero vaya uno a saber cuando les dicen que tienen el poder de decidir sobre la vida de otro pendejo como reaccionan. Desastroso.
A mi me emputa demasiado que hallamos normalizado tanto la guerra y la violencia y la hijueputez en nuestros colombianos corazones que pareciera que no podemos ver o entender o pensar la vida en comunidad sin tener la necesidad de matarnos todo el tiempo por cualquier estupidez. No me cabe en la cabeza. La historia me dice que llevamos así 200 años, en efecto, pero soy un pirobo muy terco que se niega a pensar que ese es el fútil destino de este hermoso platanal. 
Yo sí creo que hay más gente buena que mala, y que la paz en este país es posible. Pero no creo en los desgraciados que en estos momentos tienen en sus manos la maldita decisión de decir listo, todo bien, ya no los vamos a matar desde el gobierno, vamos a repartir toda la tierra que nos robamos, ya no vamos a tener unos palacios taaaan grandes ni camionetas taaaaan caras, y vamos a hacer que este país sea la potencia que debió haber sido desde hace tiempo. Pero no, la verdad la veo muy negro. Ellos prefieren seguir enriqueciéndose, seguir engordando como cerdos que son, seguir mandando a gente inocente a que maten a otra gente inocente para ellos poder seguir robando y viviendo del putas en sus mansiones y fincas gigantes por todo el mundo. Porque así son. Porque son unos desgraciados que les importa tres mil hectáreas despojadas de verga lo que les pase a los campesinos y demás habitantes de este país. Es horrorosa la indolencia, el cinismo, la falta de humanidad.
Escribo esto para manifestar que yo a pesar de ya estar a punto de graduarme NO he perdido la empatía, ni la capacidad de asombro, ni mucho menos la inmensa rabia que llevo desde antes de empezar a estudiar este mierdero. A mí todavía leyendo los libros de matanzas se me escurren las lagrimas al ver como narran la perfidia de una manera tan fría y distante. De igual manera repito como una oración cada nombre de esas personas que fueron asesinadas, torturadas, despojadas, ultrajadas, y degradadas de maneras infames y ruines, para que ellos sepan que aun hay que gente que los recuerda, que se preocupa por ellos, que no va a dejar pasar un solo día sin conmemórarlos y homenajearlos, sin revivirlos al escribir sus nombres en unas líneas inmortales: ya sea en una pared, en un libro o en el corazón. Porque si algo tengo claro, es que no hay peor crimen que el olvido. No hay peor escenario que el de ser olvidado, como si no hubiera existido, como si no hubiera venido a este mundo a sufrir inmensamente, cuando nadie le pregunto si quería abandonar su estado de no existencia, y, por lo tanto, de no sufrimiento.
Al final todo es por ellos, es la lucha de la vida y la memoria contra la muerte y el olvido. Contra la perfidia, la inhumanidad y la crueldad, siempre estará la vida, la resistencia, la memoria y la permanente lucha.
Estos días que pareciera que el proceso de paz se va a ir la mierda, que luego de esas momentáneas y efímeras esperanzas que tuvimos, esta manada de desgraciados sigan y sigan y sigan matando gente todos los días, no debemos desfallecer. No podemos rendirnos, porque la muerte jamás espera, jamás se cansa, jamás da tregua. Entonces nosotros tampoco podemos rendirnos. Simple. Así todo se vaya a la mierda, así la guerra se reactive mas sádica que nunca, así pareciera que el país finalmente se va a consumir en un grito suicida y una explosión gigante de odio y de napalm, no podemos rendirnos. Porque no podemos pensar que estamos condenados no a 100 años como dijo Gabo, por que ya vamos 200, sino por toda la eternidad a la inopia, la desigualdad, la violencia y la soledad del olvido. En serio me niego a pensar que eso es así, y me obstino pensando que algo mejor le espera a esta tierra tan linda, con gente tan mala.
Finalizo con un relato que me tropecé haciendo una investigación, precisamente, sobre la gigantesca fosa común que es nuestro país[1]. Este narra la historia de un colombiano que pudo haber sido cualquiera, usted o yo. Narra la historia de miles de colombianos cuyo único delito fue haber nacido en este lugar y no más allá, o más pa acá. No, nacieron en Colombia y allí esta su perdición, pero también la posibilidad de redención.
Redención si el que nace acá le importa lo que pase con el resto de sus congéneres, le duele, le afecta, le jode la existencia saber que están matando gente indiscriminadamente y sin asco. Si usted es de esos, le extiendo un abrazo fraterno y aprovecho para mandarle uno a toda esa gente y amigos que conozco que están parados, ahí, en primera línea desde donde se paren, ya sean obreros, amas de casa, taxistas, campesinos, pescadores, antropólogos, historiadores, sociólogos, ingenieros, médicos o lo que sea, luchan todos los días, se indignan, joden, escriben, gritan, hacen algo para que este mierdero no siga así, esa es la gente que vale la pena. A todos ellos, que chimba, sigamos así, porque los héroes en Colombia si existen. En especial para Rafael Correa, su esposa y sus cinco hijos, Gilberto, Gentil y sus hermanos: que su historia jamás se repita y su memoria nunca desaparezca, y que el estado algún día pague su atrocidad.
“La trágica vida de Rafael Correa. Ejemplo de la situación que viven los campesinos. Nacido en Bogotá. Debido a la miseria y el desempleo se va a colonizar el Sumapaz, por los años 40. Fue mejorando z se caso y tuvo hijos. La primera ola de la Violencia acabo con su patrimonio e ilusiones. La agresión de los militares contra los campesinos de Villarrica, en 1956, lo obliga a huir. Llega al Huila y se radica en Vegalarga, trabajando como jornalero. En la tregua de 1957 recibe oferta de ayuda oficial para ir a colonizar la región de “El Pato”. Renacen las esperanzas del campesino y su familia. Desmonta y levanta su parcela a la cual dedica su energía, la de su esposa e hijos.
Cuando ya su parcela empezaba a producir, viene la nueva ofensiva ordenada por el presidente Guillermo León Valencia contra la región. Los altos mandos militares realizan la operación de cerco y exterminio contra la colonización de “El Pato”, El 22 de marzo de 1965 una verdadera lluvia de metralla y bombas llegan del cielo, mientras las bayonetas y los fusiles avanzaban tomando cada rancho de la región. Una interminable lista portaban los agresores. Era la lista de las personas que debían ser exterminadas. Así cayeron varios asesinados por el ejército. Entre los oficiales que se destacaron durante la masacre, por sus abusos y violaciones de campesinas, sobresalió el capitán Alvarado Linares.
Para evitar ser asesinado, Rafael Correa, su mujer y 5 hijos, se internan en la selva de la cordillera, al igual que 500 campesinos de la colonización del El Pato.  Pasaron 11 días de marcha acosados por la persecución de las comisiones del ejército. Perecieron alrededor de 61 niños menores de 10 años. Tres de los hijos de Rafael Correa fueron consumidos por la inanición y las enfermedades. Rafael, a pesar de estos golpes, y de las enfermedades que lo acosan se recupera. Marcha luego a Campo Alegre y Gigante donde busca trabajo. Logra, por fin allí un pedazo de tierra donde, por tercera vez, inicia la tarea de construir un rancho y cultivar la tierra.
Cuando Rafael Correa, ansioso de PAZ, cree estar a salvo, llega la atroz emboscada. Una patrulla de carabineros, al mando del capitán Ruiz, el 10 de junio de 1968, rodea la casa, donde previamente ha sido citado por le informante, Gonzalo García con el propósito de que la patrulla lo liquide. Durante el abaleo fueron heridos por los carabineros los dos hijos que le quedaban a Rafael Correa. El menor, Gilberto de 8 años, murió poco después. Presentaba un tiro en el vientre. Gentil, con 14 años, quedo gravemente herido. En Gigante le negaron la atención en el hospital. Lo llevaron a Neiva, pero murió en el viaje.
Así fue casi totalmente exterminada la familia de Rafael Correa.
Podran cortar la flores,
pero no detendran la primavera. 
No contentos con el dolor del padre ante la muerte de sus hijos y las heridas de su esposa, Rafael Correa fue detenido por los asesinos de sus hijos y torturado. En las torturas participo el sargento Moreno quien lo amenazo con un cuchillo, mientras los otros policías le retorcían los brazos y piernas.
Resultado de las torturas: un brazo y una pierna descontuyados. Todo ese martirio con el propósito de arrancarle confesiones sobre supuestos hechos de violencia.
Fue condenado a 4 años de prisión por el consejo de guerra que acaba de finalizar en Neiva gracias al permanente Estado de Sitio del país. Corría el final de 1968.”


Me puse al lado de los indios y me derrotaron
Me puse al lado de los negros y me derrotaron
Me puse al lado de los campesinos y me derrotaron
Me puse al lado de los obreros y me derrotaron
Pero nunca me puse al lado de los que me vencieron

              ¡¡¡¡¡¡¡Esa es mi victoria!!!!!!
                                                                                                         Darcy Ribeiro



[1] Este fragmento se encuentra en “Libro negro de la represión 1958-1980” Editado por el Comité de solidaridad con los presos políticos y escrito por Jorge Villegas Arango y Gerardo Rivas Moreno. Pag 86.

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *