sábado, 18 de junio de 2022

Esperanza.

 

Mañana, a las 4 de la tarde el mundo se detiene.

Los ojos ansiosos, las manos sudorosas y el corazón en la mano. El latido rítmico y confiable se detendrá. La selva por unos instantes estará en completo silencio. Los cóndores desde el cielo expectantes contemplaran. Los páramos silenciosamente exhalaran toda el agua y toda la vida. Mañana, a las 4 de la tarde, todas las víctimas de años y años de matanza tendrán una lagrima lista para ser desenfundada en el nombre la justicia y la memoria de todos nuestros muertos.  

Mañana, a las 4 de la tarde, el tiempo pasara como si fueran los cientos de años de ignominia condensados en tan solo unos segundos. Pero inexorablemente el tiempo pasara, poco a poco, pasara. Tantos corazones unidos y expectantes miraran una pantalla henchidos de esperanza y cargados de una inconmensurable cantidad de sueños frustrados listos a ser complidos por fin.

El gigantesco suspiro de alivio, el grito de alegría y la lagrima de redención llegaran a las 6 de la tarde; explotaran en una supernova de esperanza que recorrerá valle, montaña, rio, selva, paramo, costas y ciudades; se desatara un maremoto gigantesco en todas y cada una de las casas que por años han sido ninguneadas, pisoteadas y oprimidas; llegara un huracán jamás antes visto a todas las tierras despojadas, violentadas y humilladas. El grito de victoria explotara tan poderoso como una bomba atómica de dignidad.

Mañana, a las 6 de la tarde, las generaciones una y otra y otra vez condenadas a la eterna soledad de la violencia, la humillación y la transparencia: ¡por fin podrán existir! Los nadie desde cada casa, finca y calle podrán exclamar fuerte y claro que existen, que están acá, que sienten, piensan y quieren. Desde la casita mas chiquita en el lugar mas apartado, hasta la caótica Bogotá, Colombia nacerá, llegará vital, radiante, sonriente y vivaz. Llegara para por fin, vivir. Vivir en paz. 

Mañana, a las 6 de la tarde, los corazones por fin latirán a un solo ritmo, las gargantas explotarán en un solo grito, todas las manos se unirán en un solo y gigantesco abrazo. La selva bramara de felicidad y los indígenas de nuevo la sentirán suya. El Páramo, las cordilleras y los valles exultantes exclamaran junto a sus ancestrales pobladores el grito silencioso de la sabiduría.  Los cóndores asombrados se regocijarán con el resto de los animales. Todos aquellos hermanos y hermanas que cayeron presos del odio y la violencia desde la eternidad saltaran y gritaran y por fin sabrán que su lucha jamás ha sido en vano y también, que nunca serán olvidados.

Mañana, a las 6 de la tarde. El mundo empezara de nuevo. Tendremos una segunda oportunidad sobre la tierra, en el horizonte alumbrará la esperanza y el futuro será, al fin, completamente nuestro.

Y será hermoso.

martes, 8 de octubre de 2019

PARACO

Para consentir la corrupción. 
Para comenzar a asesinar.
Para corregir la patria. 
Para comer campesinos. 
Para custodiar la coca.
Para costreñir al pueblo. 
Para contratar carniceros. 
Para consumir la existencia. 
Para construir infiernos. 
Para combatir la vida. 
Para considerar el suicidio. 
Para militares y asesinos.
Para descuartizar hermanos. 
        Madres          
 Padres 
          Hijas        
     Hijos. 


Para dejar de ser. 

Para ser

 m u e r t e . 


¡URIBE PARACO. 
PARACO HIJUEPUTA!





jueves, 23 de mayo de 2019

Colombia y la (des) Esperanza.


Estudiar Historia es una vaina muy jodida. Es un asunto de resiliencia e insensibilidad muy denso. Pasar 5 años inicialmente, y luego el resto de su vida si se dedica a la investigación o a ejercer la profesión, viendo cuanta atrocidad y locura se le ocurre a la gente desde que tiene la capacidad de pensar por sí misma, no es para cualquiera.
Si, es una mierda gigante. Es desilusionante, triste, doloroso y horripilante. Eso aplica para cualquier periodo o momento de la historia que a usted le plazca. ¡Ay!, pero si le dijera lo que le corre pierna arriba así usted sea o no colombiano, si se interesa por la historia de este bello pedazo de tierra atrapado entre dos océanos, no es nada fácil ni sencillo de entender ni de digerir.
Antes se debe asegurar de tener un estomago resistente, unos ojos con poca tendencia a llorar con facilidad y el corazón bien escondido y guardado bajo llave. La verdad no sé si esto se algo bueno o malo dentro de la disciplina, pero esta ahí. Al historiador luego de tanto estudiar el pasado se le enseña o se convierte en un ser insensible, lejano, como un espectador al que le vale verga lo que este viendo. Para el historiador solo son cifras, números, que se murieron tantos allá; que mataron a este montón por allá; que a fulano lo torturaron y asesinaron sádicamente junto con otros por esto y esto. Y ya. Así fue porque tales y tales intereses, o la economía era si, o la política, o simplemente eran unos grandísimos hijueputas los que hicieron eso y ya. Uno al leer esos textos es lo único que logra hacer, echar unos madrazos, asombrarse de que eso halla pasado y tratar de entender porque pasan las vainas que pasan. Y uno va cambiando. Los primeros semestres si se asombra, por lo menos yo llore varias veces leyendo relatos del siglo VI a.c o de la América precolombina y la conquista, o uno vaya a saber donde puede encontrar atrocidades mas ásperas.  Pero los semestres van avanzando y los ríos de sangre y de muertos pasan y pasan al frente de nuestros ojos y ya al final ni cuenta nos damos, nos acostumbramos a la sangre, a la perfidia, a las matanzas y a lo hijueputa que es la gente.
Eso nos paso y nos pasa bastante. Es que estudiando una carrera en la que el énfasis es la historia de Colombia, obviamente así tiene que ser, pero el lio es que uno se va volviendo un pirobo apático e indolente. Esto no es que uno quiera, claro que no. La vocación de servicio y lucha de los Historiadores y las Ciencias Humanas es increíble, pero es que la cantidad de sangre y desdicha de este país es absurda. Cinco materias son las obligatorias sobre la historia de nuestra republica bananera, ah y si quiere hay otro montón de optativas y electivas que puede ver para seguir horrorizándose con la barbarie colombiana.
Y empiezan las clases: que la guerra de conquista, después, la de independencia, que las guerras civiles del siglo XIX, que la guerra de los mil días, que después la Violencia, y después más violencia y guerra, y guerra y mas guerra y mas muertos y mas torturas y mas violaciones y mas muertos. Así es toda la hijueputa historia desde 1492 e incluso antes, en este pedazo de tierra, y ver eso y saberlo, cansa, desmoraliza, deprime.
Pensando sobre eso al final uno siempre termina culpando a los mismos: ¡desde el principio hasta hoy son los mismos malparidos! Ya sean españoles, criollos, elites, burgueses, blancos, aristócratas, políticos, terratenientes, latifundistas, paracos, ejercito o policía, siempre son los mismos. Es evidente que es una gran obviedad y que todo el mundo dice lo mismo, pero que es parce, así es.
No hay que darle tantas vueltas al asunto. Siempre se trata de que un grandísimo desgraciado que quiere tener más plata y más poder para así mandar sobre los pobres maricas que no tienen nada y poder comprar maricadas que no necesita y engordarse hasta que se estalle de tanta grasa y ponzoña. De verdad si uno lo piensa es una pendejada gigantesca, pero así es la gente. ¿De verdad así es la gente? ¿siempre ha sido así? ¿No hay otro remedio que aceptar la intrínseca hijueputez del homo sapiens sapiens hijueputicus?  A mi a veces me gusta pensar que no, porque conozco gente muy buena, muy chimba, que pareciera no tener un genocida adentro suyo, pero vaya uno a saber cuando les dicen que tienen el poder de decidir sobre la vida de otro pendejo como reaccionan. Desastroso.
A mi me emputa demasiado que hallamos normalizado tanto la guerra y la violencia y la hijueputez en nuestros colombianos corazones que pareciera que no podemos ver o entender o pensar la vida en comunidad sin tener la necesidad de matarnos todo el tiempo por cualquier estupidez. No me cabe en la cabeza. La historia me dice que llevamos así 200 años, en efecto, pero soy un pirobo muy terco que se niega a pensar que ese es el fútil destino de este hermoso platanal. 
Yo sí creo que hay más gente buena que mala, y que la paz en este país es posible. Pero no creo en los desgraciados que en estos momentos tienen en sus manos la maldita decisión de decir listo, todo bien, ya no los vamos a matar desde el gobierno, vamos a repartir toda la tierra que nos robamos, ya no vamos a tener unos palacios taaaan grandes ni camionetas taaaaan caras, y vamos a hacer que este país sea la potencia que debió haber sido desde hace tiempo. Pero no, la verdad la veo muy negro. Ellos prefieren seguir enriqueciéndose, seguir engordando como cerdos que son, seguir mandando a gente inocente a que maten a otra gente inocente para ellos poder seguir robando y viviendo del putas en sus mansiones y fincas gigantes por todo el mundo. Porque así son. Porque son unos desgraciados que les importa tres mil hectáreas despojadas de verga lo que les pase a los campesinos y demás habitantes de este país. Es horrorosa la indolencia, el cinismo, la falta de humanidad.
Escribo esto para manifestar que yo a pesar de ya estar a punto de graduarme NO he perdido la empatía, ni la capacidad de asombro, ni mucho menos la inmensa rabia que llevo desde antes de empezar a estudiar este mierdero. A mí todavía leyendo los libros de matanzas se me escurren las lagrimas al ver como narran la perfidia de una manera tan fría y distante. De igual manera repito como una oración cada nombre de esas personas que fueron asesinadas, torturadas, despojadas, ultrajadas, y degradadas de maneras infames y ruines, para que ellos sepan que aun hay que gente que los recuerda, que se preocupa por ellos, que no va a dejar pasar un solo día sin conmemórarlos y homenajearlos, sin revivirlos al escribir sus nombres en unas líneas inmortales: ya sea en una pared, en un libro o en el corazón. Porque si algo tengo claro, es que no hay peor crimen que el olvido. No hay peor escenario que el de ser olvidado, como si no hubiera existido, como si no hubiera venido a este mundo a sufrir inmensamente, cuando nadie le pregunto si quería abandonar su estado de no existencia, y, por lo tanto, de no sufrimiento.
Al final todo es por ellos, es la lucha de la vida y la memoria contra la muerte y el olvido. Contra la perfidia, la inhumanidad y la crueldad, siempre estará la vida, la resistencia, la memoria y la permanente lucha.
Estos días que pareciera que el proceso de paz se va a ir la mierda, que luego de esas momentáneas y efímeras esperanzas que tuvimos, esta manada de desgraciados sigan y sigan y sigan matando gente todos los días, no debemos desfallecer. No podemos rendirnos, porque la muerte jamás espera, jamás se cansa, jamás da tregua. Entonces nosotros tampoco podemos rendirnos. Simple. Así todo se vaya a la mierda, así la guerra se reactive mas sádica que nunca, así pareciera que el país finalmente se va a consumir en un grito suicida y una explosión gigante de odio y de napalm, no podemos rendirnos. Porque no podemos pensar que estamos condenados no a 100 años como dijo Gabo, por que ya vamos 200, sino por toda la eternidad a la inopia, la desigualdad, la violencia y la soledad del olvido. En serio me niego a pensar que eso es así, y me obstino pensando que algo mejor le espera a esta tierra tan linda, con gente tan mala.
Finalizo con un relato que me tropecé haciendo una investigación, precisamente, sobre la gigantesca fosa común que es nuestro país[1]. Este narra la historia de un colombiano que pudo haber sido cualquiera, usted o yo. Narra la historia de miles de colombianos cuyo único delito fue haber nacido en este lugar y no más allá, o más pa acá. No, nacieron en Colombia y allí esta su perdición, pero también la posibilidad de redención.
Redención si el que nace acá le importa lo que pase con el resto de sus congéneres, le duele, le afecta, le jode la existencia saber que están matando gente indiscriminadamente y sin asco. Si usted es de esos, le extiendo un abrazo fraterno y aprovecho para mandarle uno a toda esa gente y amigos que conozco que están parados, ahí, en primera línea desde donde se paren, ya sean obreros, amas de casa, taxistas, campesinos, pescadores, antropólogos, historiadores, sociólogos, ingenieros, médicos o lo que sea, luchan todos los días, se indignan, joden, escriben, gritan, hacen algo para que este mierdero no siga así, esa es la gente que vale la pena. A todos ellos, que chimba, sigamos así, porque los héroes en Colombia si existen. En especial para Rafael Correa, su esposa y sus cinco hijos, Gilberto, Gentil y sus hermanos: que su historia jamás se repita y su memoria nunca desaparezca, y que el estado algún día pague su atrocidad.
“La trágica vida de Rafael Correa. Ejemplo de la situación que viven los campesinos. Nacido en Bogotá. Debido a la miseria y el desempleo se va a colonizar el Sumapaz, por los años 40. Fue mejorando z se caso y tuvo hijos. La primera ola de la Violencia acabo con su patrimonio e ilusiones. La agresión de los militares contra los campesinos de Villarrica, en 1956, lo obliga a huir. Llega al Huila y se radica en Vegalarga, trabajando como jornalero. En la tregua de 1957 recibe oferta de ayuda oficial para ir a colonizar la región de “El Pato”. Renacen las esperanzas del campesino y su familia. Desmonta y levanta su parcela a la cual dedica su energía, la de su esposa e hijos.
Cuando ya su parcela empezaba a producir, viene la nueva ofensiva ordenada por el presidente Guillermo León Valencia contra la región. Los altos mandos militares realizan la operación de cerco y exterminio contra la colonización de “El Pato”, El 22 de marzo de 1965 una verdadera lluvia de metralla y bombas llegan del cielo, mientras las bayonetas y los fusiles avanzaban tomando cada rancho de la región. Una interminable lista portaban los agresores. Era la lista de las personas que debían ser exterminadas. Así cayeron varios asesinados por el ejército. Entre los oficiales que se destacaron durante la masacre, por sus abusos y violaciones de campesinas, sobresalió el capitán Alvarado Linares.
Para evitar ser asesinado, Rafael Correa, su mujer y 5 hijos, se internan en la selva de la cordillera, al igual que 500 campesinos de la colonización del El Pato.  Pasaron 11 días de marcha acosados por la persecución de las comisiones del ejército. Perecieron alrededor de 61 niños menores de 10 años. Tres de los hijos de Rafael Correa fueron consumidos por la inanición y las enfermedades. Rafael, a pesar de estos golpes, y de las enfermedades que lo acosan se recupera. Marcha luego a Campo Alegre y Gigante donde busca trabajo. Logra, por fin allí un pedazo de tierra donde, por tercera vez, inicia la tarea de construir un rancho y cultivar la tierra.
Cuando Rafael Correa, ansioso de PAZ, cree estar a salvo, llega la atroz emboscada. Una patrulla de carabineros, al mando del capitán Ruiz, el 10 de junio de 1968, rodea la casa, donde previamente ha sido citado por le informante, Gonzalo García con el propósito de que la patrulla lo liquide. Durante el abaleo fueron heridos por los carabineros los dos hijos que le quedaban a Rafael Correa. El menor, Gilberto de 8 años, murió poco después. Presentaba un tiro en el vientre. Gentil, con 14 años, quedo gravemente herido. En Gigante le negaron la atención en el hospital. Lo llevaron a Neiva, pero murió en el viaje.
Así fue casi totalmente exterminada la familia de Rafael Correa.
Podran cortar la flores,
pero no detendran la primavera. 
No contentos con el dolor del padre ante la muerte de sus hijos y las heridas de su esposa, Rafael Correa fue detenido por los asesinos de sus hijos y torturado. En las torturas participo el sargento Moreno quien lo amenazo con un cuchillo, mientras los otros policías le retorcían los brazos y piernas.
Resultado de las torturas: un brazo y una pierna descontuyados. Todo ese martirio con el propósito de arrancarle confesiones sobre supuestos hechos de violencia.
Fue condenado a 4 años de prisión por el consejo de guerra que acaba de finalizar en Neiva gracias al permanente Estado de Sitio del país. Corría el final de 1968.”


Me puse al lado de los indios y me derrotaron
Me puse al lado de los negros y me derrotaron
Me puse al lado de los campesinos y me derrotaron
Me puse al lado de los obreros y me derrotaron
Pero nunca me puse al lado de los que me vencieron

              ¡¡¡¡¡¡¡Esa es mi victoria!!!!!!
                                                                                                         Darcy Ribeiro



[1] Este fragmento se encuentra en “Libro negro de la represión 1958-1980” Editado por el Comité de solidaridad con los presos políticos y escrito por Jorge Villegas Arango y Gerardo Rivas Moreno. Pag 86.

sábado, 20 de mayo de 2017

Adioses.

Hay muchas formasde despedirse

dando la mano


dando la espalda


nombrando fechas


con voz de olvido


pensando en nunca


moviendo un ramo


ya


deshojado.


                                                     por suerte a veces
                                                   queda un abrazo
                                                 dos utopías
                                               medio consuelo
                                             una confianza
                                           que sobrevive
                                         y entonces triste    
                                       el adiós dice
                                     que ojalá vuelva
                                   Su corazon
                  la espera. 



M. Benedetti.



Clio ha sido esclavizada y trabaja en una fabrica.



¿Por qué estás escribiendo un libro, si con el esfuerzo que lleva escribir un libro puedes escribir cuatro artículos en revistas especializadas para académicos que te dan tres o cuatro veces más puntaje académico y salarial? Mi respuesta ilusa fue: porque este libro, mi segundo, es lo más importante que he escrito; escribir este libro sobre la construcción del canal de Panamá desde la perspectiva panameña es mi sueño como historiadora.
Marixa Lasso. El Espectador. 29 de mayo. 2016.

1.La crítica a la Historia. De Nietzsche a Hayden White.

Tanto Nietzsche como nosotros nos encontramos sumidos en tiempos de incertidumbre y crisis. Nosotros estamos, según Anthony Giddens en un periodo de crisis estable[1], crisis en la que los paradigmas, las grandes verdades, los metarrelatos y la manera de abordar, percibir y representar tanto al mundo como a la historia parecieran agotarse. Nietzsche desde sus intempestivas hasta alcanzar su punto culmen en La Genealogía de la Moral va a poner de manifiesto esta crisis que él hace notar para su tiempo, como Giddens y otros la percibieron para el nuestro. Nietzsche nota una sociedad construida en su totalidad sobre verdades incólumes, de afirmaciones vacías.[2] Y desde la primera intempestiva inicia una crítica sistemática de la moral, es decir, realiza la crítica de toda una cultura construida sobre el aire. Nietzsche quiere y necesita desmitificar la moral por su historia, esta es culpable por tener una historia, de esta manera se puede recordar su génesis. Siendo así, al desarrollar la genealogía logra mostrar el origen de los valores, el origen de esa superflua cultura alemana. Nietzsche al combinar sus estudios sobre la utilidad o el perjuicio de la historia para la vida, con la construcción del edificio conceptual de lo genealógico desde la moral y su historia, logra revelar esa relación de la teología con la historia desde el capítulo VII de su segunda intempestiva al decir
“cuando se oye a los ‘cristianos más puros de todos’ hablar sobre la impureza de los cristianos antiguos, el oyente profano tiene a menudo la impresión de que este discurso en realidad no trata del cristianismo, sino más bien de… bien, ¿ Que debemos pensar cuando encontramos al cristianismo definido como la religión que permite ‘compenetrarse con todas las religiones reales e incluso algunas posibles’ y cuando se dice que la ‘ verdadera iglesia’ es aquella que  << es una masa fluida y sin contornos en la que cada parte se encuentra a veces aquí y a veces ahí y en la que todo se mezcla tranquilamente>>? Entonces, ¿Que debemos pensar? [3]
Debemos pensar en que el cristianismo bajo los efectos del tratamiento histórico historicista aniquila el valor de la verdad al subordinarlo a una interpretación moral, histórica y estática del mundo. Bien lo dice a continuación, “El cristianismo bajo los efectos del tratamiento histórico se deforma y convierte en antinatural, convirtiéndose en algo definitivamente histórico” Algo definitivamente histórico, por la tanto, moral.
Nietzsche pareciera haber estado en un contexto parecido al nuestro, en el que el mismo abre la discusión en torno al estilo de pensamiento que desconfía de las nociones básicas de su realidad y acerca de la verdad, la razón, la objetividad y a universalidad. Nietzsche esta intrínsecamente preocupado por los cimientos de la sociedad en cuanto a su cultura, necesita mostrar que ella es víctima de la moral de un esclavo que ha sido asimilada con el tiempo, negando la posibilidad de la afirmación de la individualidad y la vida; el filósofo quiere desmontar esa  filosofía de la historia “donde la voluntad singular queda deglutida en nombre de la razón o el progreso universal”[4]  en parte gracias a ese sentido histórico que gobierna sin límite alguno y que inmediatamente niega cualquier porvenir , destruye las ilusiones y nos arrebata la atmosfera necesaria para vivir.
Nietzsche en sus intempestivas y en especial en la II de ellas, pareciera vagamente inaugurar lo que Derrida y otros autores bautizaran como la deconstrucción. El filósofo en el siglo XIX se plantea un cuestionamiento a una institución tan enorme como lo es la cultura, por ende, la moral. Al leerlo se  recuerda y quizás se le puede situar , realizando una afirmación de una audacia muy prematura, como precursor, como si él hubiera abierto  la puerta para que desde los 70, y como lo entiende Mussy, la historiografía posmoderna entienda su devenir “como una práctica deconstructiva, es decir, como practica parasitaria y suplementaria a los dispositivos de saber disciplinar, no tiene otra finalidad que la de desmontar las estructuras de poder que organizan los modos de enunciación y de representación de la Historia.”[5]  Se podría afirmar que tal como lo dice Mussy, tanto Nietzsche, como la historiografía posmoderna “ organizan ( a la institución historiadora y filosófica) en su eficacia a partir de cierta ceguera sobre los propios efectos performativos de la representación historiadora”[6]  Para este punto notamos que la crítica a la institución historiográfica como a la disciplina histórica lleva un largo recorrido  y que  la importancia de Nietzsche, su pensamiento y su repercusión en los planteamientos de las ultimas corrientes son innegables. Ahora inevitablemente, como lo decía Nietzsche esta aproximación posmoderna a la realidad se sitúa junto al resto, como otra perspectiva y posibilidad más. De su utilidad o perjuicio para la vida aun esta por decirse. De la manera en que esta afirme la vitalidad, promueva la vida y exalte la verdadera cultura, dependerá su valoración.
2. La dictadura de la Historia.
Écrasez l´infáme
Voltaire.

Ya en el capítulo 6 nos encontrábamos frente a un Gélido demonio del conocimiento, provocando en nosotros gran pavor, ya que su naturaleza sobrehumana, su atmosfera glacial de majestad y su erudición no podían provocar en los humanos comunes y corrientes una reacción distinta.  La génesis de este monstruo yace en la ceguera autoimpuesta imaginariamente por las pretensiones cultifilisteas. Al inicio solo  tenemos un pobre y miserable hombre, pero este miserable hombre intenta ascender desde la duda hasta la más rigurosa certeza; se autoimpone, en lugar de la tolerancia, el más duro deber; además de saberse generoso, además pretende ser justo, el hombre moderno quiere y pretende asemejarse a este gélido demonio, por ende,  le es necesario pagar en cada instante de su vida con otro poco de su humanidad, el resto de sus semejantes lo verán consumirse trágicamente en aras de esta virtud imposible y lo verán elevado a la altura como el ejemplar mas respetable de la especie humana, ya que quiere la verdad, pero no solo por sí misma, si no que esta pretensión del gélido demonio pretende usar esta verdad como jueza que ordena y castiga.  Nietzsche dice que al querer la verdad se le percibe “como la sagrada autorización para poder desplazar y cambiar de sitio todos los límites de las propiedades egoístas”[7]  La verdad se sitúa como el tribunal del mundo.  Entonces, las pretensiones de la anhelada objetividad del hombre cultifilisteo moderno generan perjuicios acerca de los móviles de su virtud, aparentando que este es poseedor de la justicia. Al imaginarse el mismo justo pretende asemejarse a este gélido demonio del conocimiento. Luego, al saberse poseedor de la justicia, por ende, de la “verdad” se sabrá con la autorización de juzgar, es decir, de destruir.  Destruir en la medida en que el individuo si bien posee la voluntad de ser justo, existen una serie de impulsos, tales como la curiosidad, el miedo, el aburrimiento, la envidia, la vanidad, el odio – todos ellos nada tienen que ver con la verdad- pero se confunden con estas pretensiones de verdad y justica. Entonces nos topamos con un mundo lleno de estos “servidores de la verdad”, de ellos, muy pocos poseen la voluntad de ser justos, y un número aún más pequeño la fuerza y el poder de serlo, ni hablar del saberse poseedores de la verdad.
En este punto se hace inevitable ver lo evidente de la explicación Nietzscheana acerca de la manera en que las personas en las posiciones de poder influyen, cambian, deciden y destruyen los destinos de sus semejantes con el pretexto de saberse poseedores de la justicia y la verdad justificándola en su erudición, sus estudios, su estatus. Al inicio de nuestro texto citamos la introducción del artículo que realizo la profesora Marixa Lasso en el marco de la crisis de las ciencias humanas, no tan solo en Colombia, sino en el mundo. Este nos ayudara a ejemplificar y aplicar los conceptos nietzscheanos a nuestra crisis que a veces pareciera que nos acostumbráramos a ella.
Marixa dice en el artículo; “escribir un libro significa renunciar a promociones académicas y a aumentos salariales, porque nuestro sistema universitario actual no entiende los libros (o no los quiere entender) y no los valoriza”.  Nos encontramos una vez más frente a este gélido monstruo del conocimiento esta vez personificado en los eruditos, tecnócratas y “expertos” que muy seguramente poseerán instituciones como el ministerio de educación y Colciencias. Estos “expertos” en una loable exposición de erudición, verdad y justicia, se sienten en la capacidad de decidir acerca de la validez académica y teórica de un libro sobre un artículo académico, destruyendo la ilusión, el porvenir y la esperanza de esa antiquísima institución como lo es el libro, cortando de seco la intrínseca relación del libro, su autor y el lector; este lo abre, lo lee y lo dota de vida y de sentido, y de paso al autor del mismo. En su lugar impone la fría relación del texto académico con su destinatario, otro académico, el cual hará una reseña académica del texto, para que otro académico de su opinión acerca de su reseña y así obtenga más puntos para obtener un mejor salario. Nada más lamentable, cultifilisteo y violento para con la vida, diría Nietzsche.
Proseguimos. La pretensión de justicia evidentemente también se encuentra personificada en el historiador moderno. Aquel historiador que en el capítulo VI es un passium resonante que, por medio de su sonido, ejerce influencia sobre los passiva, hasta llenar toda la atmosfera de una época con ecos y sonidos discreta y sutilmente entrelazados. Pero para el filósofo este percibir omniabarcante del historiador solo capta una parte superficial de cada lugar histórico al que llega y a eso agreguémosle que este historiador no tiene la facultad de sentir y captar la fuerza y la vitalidad original de este, su objeto de estudio, y en su lugar lo metamorfosea en un etéreo tañido agudo y débil de la cuerda. El sentido original, que pudo haber sido propulsor de acciones, necesidades y vitalidad se trasmuta en un tenue y adormecedor relato desprovisto de toda fuerza movilizadora.
Entonces imagínese usted que esta justicia histórica gobierne sin límite alguno la vida de los hombres. No se puede pensar en nada más que en algo sumamente terrible para la vida si esto llegara a suceder. Partimos de que al juzgar siempre destruyen, cambian, sustituyen e imponen.  Si detrás de este loable propósito no existe un impulso constructivo, si este simplemente destruye para no construir nada en su lugar, si solo la percepción de lo “justo” y su virtud intrínseca domina únicamente, este instinto creador se debilita.
En este punto se inicia a construir el universo conceptual y filosófico de Nietzsche con el cual concluirá como la teleología cristiana y el historicismo niegan la vida. En este apartado el filósofo empieza a construir su percepción del tiempo cristiano en el que se torna al hombre en un elemento pasivo y retrospectivo.  Para el filósofo, al iniciar el cristianismo a transformarse en un saber impulsado por la justicia histórica y pura, “acabara por negar toda cultura que incite a seguir viviendo y ostente como divisa el memento viviré.”[8] Esta alianza histórico-cristiana desemboca en la creencia “del sin valor de todo acaecer”, virando el centro de gravedad de vida en sí misma, pasando por la “historia”, al “final” de la vida misma. Esto sitúa el sentido de la existencia en el mas allá, en el pasado, niegan el presente: se ensimismarán en la contemplación del pasado y el anhelo del futuro. Esta contemplación del pasado para Nietzsche no es algo muy romántico o sutil.  La investigación histórica necesariamente arrojara resultados pútridos, falsedades, inhumanidad, violencia y carencia de sentido, disipando una vez más la creencia de piedad e idealización del pasado, que para Nietzsche es necesaria para poder vivir.  Una vez más, la vida aparece masacrada por la justicia histórica y la pretensión de poseer la verdad.
Una aparente solución del pensador para este problema es la contraposición de la historia con el arte. Y solo si la historia soporta y quiere transformarse en una obra de arte podrá despertar ese instinto de vitalidad y acción para la vida.  Siendo así suena como si hubiera sido escrito en el siglo XIX el apartado de la profesora Lasso : “El reto, creo, es retomar el contacto con la literatura, prestarle atención al estilo, al arte de contar historias, sin perder la seriedad y la profundidad de análisis y uso de archivos que nos dejó la era de la profesionalización de la historia[9] Casi 140 años después de que Nietzsche pusiera de manifiesto la dictadura de la historia ladrilluda,  irreflexiva, esta historia con ínfulas de poseer la justicia y la verdad, esta historia escrita por cultifilisteos y para cultifilisteos, nuestra colega Marixa Lasso vuelve a insistir en que la historia y el arte, la belleza y la rigurosidad tienen que fusionarse para que Clío pueda cumplir su función revitalizante en las vidas de los miserables humanos.
2.  La ciencia, el crepúsculo de la vida.

"None are more hopelessly enslaved than those who falsely believe they are free."
Johann Wolfgang von Goethe

“Todo el mundo se vanagloria de que hoy en día la ciencia comienza a dominar sobre la vida[10]Esta frase se pudiera haber escrito ayer y nadie se extrañaría. Perfectamente hubiera alguien anónimos hubiera realizado una imagen con esta frase desde su Smartphone, la editaría y posteriormente la subiría a Facebook e Instagram para luego pasar el resto de la tarde contemplando la pantalla y como esta va contando uno por uno los me gusta, los comentarios, las reacciones, autocomplaciendo, satisfaciendo los deseos más superfluos e impersonales de esas personas que parecieran no ya individuos sino una extensión de su celular. El hombre moderno como diría Nietzsche, ha sido dominado y domesticado por la ciencia y una vida llevada de esta manera no posee ninguna clase de valor. Esta vida es en realidad mucho menos vida y nos augura un futuro mucho menos prometedor que la antigua no dominada por la ciencia, sino por instintos y poderosas imágenes llenas de ilusión.
Y es que para el filósofo ya desde muy temprana edad se ciega a los infantes, para que tal como se ciega a ciertos pájaros, su canto sea más hermoso a la hora de su madurez.  El medio para realizar esta ceguera es “luz demasiado luminosa, demasiado repentina, demasiado oscilante”. Nietzsche plantea una sobredosis de historia para las mentes jóvenes, sin embargo, en nuestra contemporaneidad hipermoderna e hiperconectada se podría decir que desde el mismo instante que los niños nacen son bombardeados sin cesar por infinidad de imágenes, luces, aparatos, etc. La sobrecarga y sobreexposición de las jóvenes mentes a los medios de comunicación masivos; la abrumadora y poco estilizada publicidad que cada día encuentra la forma de ser más y más invasiva; el nuevo elemento de difusión y comunicación que la internet y las redes sociales han proporcionado convirtiéndolas en una herramienta de doble filo para la mente infantil y poco experimentada, son indicios de que nuestro propio desarrollo tecnológico nos está sobrepasando y engullendo en una espiral consumista, depredadora, impersonal y egoísta, y que en este proceso nuestra humanidad, empatía y sentido de sorpresa o asombro se han visto erosionados. Es fácilmente comprobable la falta de interés y la casi imposibilidad de las personas jóvenes hoy en día de sorprenderse con algo, el interés dura lo que dura el video, o el concierto o la moda viral de la semana, rápidamente buscan otro punto de interés, igual de efímero y superfluo. Para Nietzsche muy probablemente este sería el sentido histórico de nuestra época y nuestra gran maldición por antonomasia. No lo pudo haber escrito mejor, y no puede ser más actual: “la masa de lo que irrumpe históricamente es tan grande, lo extranjero, bárbaro y violento penetra tan poderosamente, “acumulado en pútridos montones”[11]. Vivimos en la sociedad de lo desechable, del entretenimiento superfluo, del consumismo depredador, de la interconexión y la cercanía virtual, pero también en la del alejamiento kilométrico de las personas que están justo a nuestro lado, de nuestra realidad más cercana y empírica. . “ El hombre joven se ha convertido en apátrida y duda de todas las costumbres y conceptos”[12]  En efecto el hombre joven ya no posee ni país, ni patria ni bandera porque además del hastió que le genera su entorno, la desconfianza que le suscita su tradición y su origen, sus intereses ahora gravitan en un centro cultural ajeno y extranjero que suministra la sustancia de la felicidad, sobre lo que se tiene que ver y que comprar durante esta época del año, las películas que vale la pena ir a ver y los accesorios y productos que son necesarios consumir para sentirse parte de ese algo, ¿ Pero ese algo, que es?  Que mueve a este hombre consumido por los me gusta, los retweets y los snaps. ¿En qué instante se pierde el sentido de la realidad empírica, para sustituirlo por la pseudorealidad virtual y desde allí, crear el tejido social actual?

3. La Fábrica de los sueños.
“Every effect that one produces gives one an enemy. To be popular one must be a mediocrity.”
Oscar Wilde, The picture of Dorian Grey.

En este apartado, por un instante, siguiendo los planteamientos de filósofo, concentrémonos en el estudiante histórico, heredero de una tradición gigantesca a una edad temprana e inmadura. Desde este instante se le ha otorgado en franca posesión el “método” para su propio trabajo.  Luego, este analiza con toda la rigurosidad y objetividad del caso un capitulo totalmente aislado y aleatorio de la historia. El estudiante ya ha producido. Es más, el filósofo se atreve a decir que este ha creado. Desde ahora el estudiante es un servidor más de la verdad, señor universal de la verdad y la historia irremediablemente. 
Nietzsche nos introduce a su reflexión mediante el uso de una metáfora bellísima y sumamente ilustrativa. “si los hombres trabajan así en la fábrica de la ciencia y deben llegar a ser útiles antes de que maduren, en breve la misma ciencia quedara tan arruinada como los esclavos utilizados demasiado pronto en esa fábrica. Lamento tener que emplear la jerga de los esclavizadores y de los empresarios para servirme de descripción de unos comportamientos que deberían ser pensados libres de toda utilidad y fuera de toda necesidad de la existencia, pero involuntariamente brotan de mis labios las palabras “fabrica, “mercado de trabajo”, “oferta”, “rendimiento” …”[13]  Aquí nada más y nada menos somos testigos de la ciencia subyugada e incrustada a las infames e indolentes lógicas del mercado capitalista. Ya bien lo dijo la profesora Lasso y recientemente en un artículo parecido, el profesor Eduardo Posada Carbo continua con la apertura del necesario debate hacia la opinión publica de este álgido problema. El en su artículo plantea respecto a las formas en que ahora se pretende medir la calidad de las investigaciones en ciencias sociales por el número de publicaciones en “revistas indexadas” entre otros medidores que “es un criterio que traslada la capacidad de juzgar la calidad de las investigaciones a entidades relativamente ajenas, no necesariamente neutrales. Se imponen líneas editoriales que a veces favorecen temas o metodologías de moda. Algunos evaluadores ocultan sus discrepancias políticas con argumentos dizque académicos.”[14]  Más adelante se refiere al tema de la preferencia de los artículos frente a los libros diciendo que “Los más afectados son los libros dirigidos al público general, incluidos los estudiantes. Como si los académicos solo debieran escribir para académicos.”[15]  El análisis de las consecuencias de estos Gélidos monstruos del conocimiento que evidentemente priman la cantidad, el supuesto “impacto” y sus preferencias personales sobre la calidad del libro y del investigador, naturalmente no lo aporta Nietzsche: “La honrada mediocridad se vuelve cada vez más mediocre, la ciencia en su sentido económico cada vez más útil”[16]  Mediocridad es la palabra. Las condiciones y exigencias que hace el mercado a la producción académica únicamente fomentan la mediocridad y le niegan la vida la academia. Carbo dice “Es un estímulo a la mediocridad, en contra de la imaginación”[17]. En un fútil intento por parte de la erudición de estos expertos tecnócratas en las instituciones de poder se desestimula el desarrollo científico, se promulgan la mediocridad y la competitividad deshonesta y en contra del conocimiento progresista y útil para la vida del ser humano.  Cuanto más rápidamente aceleréis la ciencia también antes la destruiréis” dijo Nietzsche. Solo puede generar terror el recordar que hace ya unos meses se cerraron varias facultades de ciencias humanas por considerarlas “inútiles” y “estorbosas “en Japón, una sociedad hiperacelerada, con la tasa de suicidios más alta del planeta, en la que los autómatas poseídos por esta ciencia terrorista contra la vida caminan tranquilamente por las abarrotadas calles.  Evidentemente Nietzsche nos advirtió que las ciencias, y en especial las humanas, no deben estar sometidas a las leyes del mercado y estas deben servir a su único propósito: conocer, analizar e interpretar el devenir de los humanos, ayudándolos con su triste existencia. Ahora, que la misma existencia de estas ciencias esté en peligro es sumamente alarmante y desesperanzador para las gentes involucradas en las mismas, pero mucho más para el mismísimo género humano.  Es imperante que abortemos nuestra naturaleza de gallinas exprimidas hasta el cogote y exhaustas de poner huevos mediocres y superfluos, como plantearía el filósofo.
Para concluir quiero plantear una contradicción que el mismo Nietzsche escribió en su texto y genera cierta incertidumbre. Finalizando el capítulo VI plantea que la inserción de la ciencias sociales a las lógicas del mercado tienen como fin “la querida “popularización”, “feminización” e “infantilización” de la ciencia lo cual no es otra cosa que ajustar el traje d ela ciencia al cuerpo del “publico medio””[18]  Luego dice que las ciencias tiene que actuar solo a través de una “elevada praxis” para posteriormente introducir un concepto de pueblo en el que difícilmente podemos imaginarlo lo bastante noble y elevado “si tuvieseis el un concepto elevado de “pueblo”, seríais también misericordiosos con él y os cuidarías mucho de ofrecerle vuestras mezcladas aguas como bebida revitalizadora y refrescante”
 Entonces no queda claro la manera en que Nietzsche desea que la Historia le sirva a la gente. En un primer momento plantea que la mediocridad del trabajo académico es idónea para el “traje” del público al que va dirigido, publico que dice son los mismos jóvenes eruditos y sabios que producen para ellos mismos y para satisfacer esa necesidad popular de curiosidad. Nietzsche la llama “modesta condescendencia del docto hacia su pueblo” Si seguimos ese planteamiento aristocrático que maneja Nietzsche la primera medida sería que las ciencias se elevaran a la elevada praxis que les es necesaria. Luego de que esto suceda ¿el pueblo seria aun digno de la ciencia que los académicos producirían? Al inicio del capítulo dice que la única manera en que la historia logre despertar los instintos vitales de los hombres es que se transforme en arte. El arte como lo piensa Nietzsche también es una elevada expresión del espíritu humano y solo puede ser realizado por los más excepcionales ejemplares de los mismos, tales como Wagner o Beethoven. Entonces, aunque la historia mutara en una expresión artística bellísima nos sigue haciendo falta un vehículo eficaz para que esta llegue al pueblo y produzca la vivificación y despierte los instintos vitales en ellos, ya que al final de cuentas es la principal utilidad de la ciencia para la vida, según él. Sin embargo, sería interesante preguntarnos si dentro de su concepción aristocrática y excluyente de los mejores y los más idóneos como los propicios paras el desarrollo y el cultivo de las actividades más elevadas y bellas, ¿Nietzsche implícitamente no excluye de manera terminante al pueblo dejándolo a su suerte, y solo concentrándose en esta selecta población,  para que sea ella y no nadie más quienes se eleven sobre el resto y alcancen el cultivo de una vida virtuosa y entregada al memento viviré?
La vigencia y actualidad que resuma la obra Nietzscheana no deber ser interpretada sino como un llamado a la praxis y a la reflexión rigurosa y democrática al interior de las ciencias y en especial de la Historia. La necesidad de repensarnos y repensar el modelo científico y las lógicas de publicación y difusión académicas y científicas son urgentes. “Si seguimos aceptando el modelo de publicación de las ciencias vamos a desaparecer por aburridos y por irrelevantes” pero también por mediocres y conformistas. Es necesario que interioricemos los planteamientos de Nietzsche y nos llenemos de vitalidad e instinto para que finalmente las ciencias y en especial la histórica cumplan con su objetivo para con la vida y la dote de fundamento, de memoria y reflexión para que el futuro de la humanidad sea mucho más prometedor y la vida deje de ser negada.






Bibliogra fía.
-Nietzsche, Friedrich (2013). “Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida (II intempestiva)”. Edición, traducción y nota de German Cano. Madrid, Biblioteca Nueva.
- Vidal, Felip. “La genealogía como método y el uso genealógico de la historia”. A parte Rei. Revista electrónica de filosófica. No 29. (septiembre de 2003) pág. 13.  
- Mussy, Luis G. “Historiografía posmoderna: conceptos, figuras, manifiestos”. Santiago: RIL editores. 2010. 
-   Marixa Lasso. “¿Por qué y para quién escribimos los historiadores?” El Espectador. 26 de mayo de 2016.
- Posada Carbo, E. “Mercado en la academia” El tiempo. 22 de octubre de 2015.



[1] Giddens citado por Mussy.  Mussy, Luis G. “Historiografía posmoderna: conceptos, figuras, manifiestos”. Santiago: RIL editores. 2010. 
[2] Vidal, Felip.  La genealogía como Método y el uso Genealógico de la Historia” A Parte de Reí. Revista electrónica de filosofía. No 29. (septiembre de 2013) p. 13.  
[3] Nietzsche, F. “Sobre la utilidad y el prejuicio de la historia para la vida. II Intempestiva” Ed. German Cano.  Madrid. Biblioteca Nueva. 2013 pág. 98.
[4]  Vidal. Pág. 5
[5] Mussy, pág. 24
[6] Mussy, pág. 25.
[7] Nietzsche, pág. 85.
[8] Felip. Pág. 1.
[9]  Marixa Lasso. “¿Por qué y para quién escribimos los historiadores?” El Espectador. 26 de mayo de 2016.
[10] Nietzsche, pág. 100.
[11] Nietzsche, Pág. 101.
[12] Nietzsche Pág. 101.
[13] Nietzsche. Pág.  102.
[14] Posada Carbo, E. “Mercado en la academia” El tiempo. 22 de octubre de 2015.
[15] Posada Carbo.
[16] Nietzsche, pág. 102.
[17] Posada Carbo.
[18] Nietzsche pág. 103.

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