Hay muchas formasde despedirse
dando la mano
dando la
espalda
nombrando fechas
con voz de olvido
pensando en nunca
moviendo un
ramo
ya
deshojado.
por suerte a veces
queda un abrazo
dos utopías
medio consuelo
una
confianza
que sobrevive
y entonces triste
el adiós dice
que ojalá vuelva
Su corazon
la espera.
M. Benedetti.
Nuestra vida transcurre en medio del rodar de un somnoliento bus, el gangoso recital de una poesia olvidada en labios de un mugroso drogadicto y las sirenas de las ambulancias que anuncian la muerte.
sábado, 20 de mayo de 2017
Clio ha sido esclavizada y trabaja en una fabrica.
¿Por qué estás escribiendo un libro, si con el esfuerzo que
lleva escribir un libro puedes escribir cuatro artículos en revistas
especializadas para académicos que te dan tres o cuatro veces más puntaje
académico y salarial? Mi respuesta ilusa fue: porque este libro, mi segundo, es
lo más importante que he escrito; escribir este libro sobre la construcción del
canal de Panamá desde la perspectiva panameña es mi sueño como
historiadora.
Marixa Lasso. El Espectador. 29 de
mayo. 2016.
1.La
crítica a la Historia. De Nietzsche a Hayden White.
Tanto
Nietzsche como nosotros nos encontramos sumidos en tiempos de incertidumbre y
crisis. Nosotros estamos, según Anthony Giddens en un periodo de crisis estable[1], crisis en la que los
paradigmas, las grandes verdades, los metarrelatos y la manera de abordar,
percibir y representar tanto al mundo como a la historia parecieran agotarse.
Nietzsche desde sus intempestivas hasta alcanzar su punto culmen en La Genealogía
de la Moral va a poner de
manifiesto esta crisis que él hace notar para su tiempo, como Giddens y otros
la percibieron para el nuestro. Nietzsche nota una sociedad construida en su
totalidad sobre verdades incólumes, de afirmaciones vacías.[2] Y desde la primera intempestiva
inicia una crítica sistemática de la moral, es decir, realiza la crítica de
toda una cultura construida sobre el aire. Nietzsche quiere y necesita
desmitificar la moral por su historia, esta es culpable por tener una historia,
de esta manera se puede recordar su génesis. Siendo así, al desarrollar la
genealogía logra mostrar el origen de los valores, el origen de esa superflua
cultura alemana. Nietzsche al combinar sus estudios sobre la utilidad o el
perjuicio de la historia para la vida, con la construcción del edificio
conceptual de lo genealógico desde la moral y su historia, logra revelar esa
relación de la teología con la historia desde el capítulo VII de su segunda
intempestiva al decir
“cuando se oye a los ‘cristianos más puros de todos’
hablar sobre la impureza de los cristianos antiguos, el oyente profano tiene a
menudo la impresión de que este discurso en realidad no trata del cristianismo,
sino más bien de… bien, ¿ Que debemos pensar cuando encontramos al cristianismo
definido como la religión que permite ‘compenetrarse con todas las religiones
reales e incluso algunas posibles’ y cuando se dice que la ‘ verdadera iglesia’
es aquella que << es una masa fluida
y sin contornos en la que cada parte se encuentra a veces aquí y a veces ahí y
en la que todo se mezcla tranquilamente>>? Entonces, ¿Que debemos pensar?
[3]
Debemos
pensar en que el cristianismo bajo los efectos del tratamiento histórico
historicista aniquila el valor de la verdad al subordinarlo a una
interpretación moral, histórica y estática del mundo. Bien lo dice a
continuación, “El cristianismo bajo los efectos
del tratamiento histórico se deforma y convierte en antinatural, convirtiéndose
en algo definitivamente histórico” Algo definitivamente histórico, por la
tanto, moral.
Nietzsche
pareciera haber estado en un contexto parecido al nuestro, en el que el mismo
abre la discusión en torno al estilo de pensamiento que desconfía de las
nociones básicas de su realidad y acerca de la verdad, la razón, la objetividad
y a universalidad. Nietzsche esta intrínsecamente preocupado por los cimientos
de la sociedad en cuanto a su cultura, necesita mostrar que ella es víctima de
la moral de un esclavo que ha sido asimilada con el tiempo, negando la
posibilidad de la afirmación de la individualidad y la vida; el filósofo quiere
desmontar esa filosofía de la historia “donde la voluntad singular queda deglutida en
nombre de la razón o el progreso universal”[4]
en parte gracias a ese sentido
histórico que gobierna sin límite alguno y que inmediatamente niega cualquier
porvenir , destruye las ilusiones y nos arrebata la atmosfera necesaria para
vivir.
Nietzsche
en sus intempestivas y en especial en la II de ellas, pareciera vagamente
inaugurar lo que Derrida y otros autores bautizaran como la deconstrucción. El
filósofo en el siglo XIX se plantea un cuestionamiento a una institución tan
enorme como lo es la cultura, por ende, la moral. Al leerlo se recuerda y quizás se le puede situar ,
realizando una afirmación de una audacia muy prematura, como precursor, como si
él hubiera abierto la puerta para que
desde los 70, y como lo entiende Mussy, la historiografía posmoderna entienda
su devenir “como una práctica
deconstructiva, es decir, como practica parasitaria y suplementaria a los
dispositivos de saber disciplinar, no tiene otra finalidad que la de desmontar
las estructuras de poder que organizan los modos de enunciación y de
representación de la Historia.”[5]
Se podría afirmar que tal como lo
dice Mussy, tanto Nietzsche, como la historiografía posmoderna “ organizan ( a la institución
historiadora y filosófica) en su eficacia
a partir de cierta ceguera sobre los propios efectos performativos de la
representación historiadora”[6]
Para este punto notamos que la
crítica a la institución historiográfica como a la disciplina histórica lleva
un largo recorrido y que la importancia de Nietzsche, su pensamiento y
su repercusión en los planteamientos de las ultimas corrientes son innegables.
Ahora inevitablemente, como lo decía Nietzsche esta aproximación posmoderna a
la realidad se sitúa junto al resto, como otra perspectiva y posibilidad más.
De su utilidad o perjuicio para la vida aun esta por decirse. De la manera en
que esta afirme la vitalidad, promueva la vida y exalte la verdadera cultura,
dependerá su valoración.
2.
La dictadura de la Historia.
Écrasez l´infáme
Voltaire.
Ya
en el capítulo 6 nos encontrábamos frente a un Gélido demonio del conocimiento, provocando en nosotros gran pavor,
ya que su naturaleza sobrehumana, su atmosfera glacial de majestad y su
erudición no podían provocar en los humanos comunes y corrientes una reacción
distinta. La génesis de este monstruo
yace en la ceguera autoimpuesta imaginariamente por las pretensiones
cultifilisteas. Al inicio solo tenemos
un pobre y miserable hombre, pero este miserable hombre intenta ascender desde
la duda hasta la más rigurosa certeza; se autoimpone, en lugar de la
tolerancia, el más duro deber; además de saberse generoso, además pretende ser
justo, el hombre moderno quiere y pretende asemejarse a este gélido demonio,
por ende, le es necesario pagar en cada
instante de su vida con otro poco de su humanidad, el resto de sus semejantes
lo verán consumirse trágicamente en aras de esta virtud imposible y lo verán
elevado a la altura como el ejemplar mas
respetable de la especie humana, ya que quiere la verdad, pero no solo por
sí misma, si no que esta pretensión del gélido demonio pretende usar esta
verdad como jueza que ordena y castiga.
Nietzsche dice que al querer la verdad se le percibe “como la sagrada autorización para poder
desplazar y cambiar de sitio todos los límites de las propiedades egoístas”[7]
La verdad se sitúa como el tribunal
del mundo. Entonces, las pretensiones de
la anhelada objetividad del hombre cultifilisteo moderno generan perjuicios
acerca de los móviles de su virtud, aparentando que este es poseedor de la
justicia. Al imaginarse el mismo justo pretende asemejarse a este gélido demonio del conocimiento. Luego, al saberse poseedor de la
justicia, por ende, de la “verdad” se sabrá con la autorización de juzgar, es
decir, de destruir. Destruir en la
medida en que el individuo si bien posee la voluntad de ser justo, existen una
serie de impulsos, tales como la curiosidad, el miedo, el aburrimiento, la
envidia, la vanidad, el odio – todos ellos nada tienen que ver con la verdad-
pero se confunden con estas pretensiones de verdad y justica. Entonces nos
topamos con un mundo lleno de estos “servidores de la verdad”, de ellos, muy
pocos poseen la voluntad de ser justos, y un número aún más pequeño la fuerza y
el poder de serlo, ni hablar del saberse poseedores de la verdad.
En este punto se hace inevitable
ver lo evidente de la explicación Nietzscheana acerca de la manera en que las
personas en las posiciones de poder influyen, cambian, deciden y destruyen los
destinos de sus semejantes con el pretexto de saberse poseedores de la justicia
y la verdad justificándola en su erudición, sus estudios, su estatus. Al inicio
de nuestro texto citamos la introducción del artículo que realizo la profesora
Marixa Lasso en el marco de la crisis de las ciencias humanas, no tan solo en
Colombia, sino en el mundo. Este nos ayudara a ejemplificar y aplicar los
conceptos nietzscheanos a nuestra crisis que a veces pareciera que nos
acostumbráramos a ella.
Marixa dice en el artículo; “escribir un libro significa renunciar a
promociones académicas y a aumentos salariales, porque nuestro sistema
universitario actual no entiende los libros (o no los quiere entender) y no los
valoriza”. Nos encontramos una vez
más frente a este gélido monstruo del
conocimiento esta vez personificado en los eruditos, tecnócratas y
“expertos” que muy seguramente poseerán instituciones como el ministerio de
educación y Colciencias. Estos “expertos” en una loable exposición de
erudición, verdad y justicia, se sienten en la capacidad de decidir acerca de
la validez académica y teórica de un libro sobre un artículo académico,
destruyendo la ilusión, el porvenir y la esperanza de esa antiquísima
institución como lo es el libro, cortando de seco la intrínseca relación del
libro, su autor y el lector; este lo abre, lo lee y lo dota de vida y de sentido,
y de paso al autor del mismo. En su lugar impone la fría relación del texto
académico con su destinatario, otro académico, el cual hará una reseña
académica del texto, para que otro académico de su opinión acerca de su reseña
y así obtenga más puntos para obtener un mejor salario. Nada más lamentable,
cultifilisteo y violento para con la vida, diría Nietzsche.
Proseguimos. La pretensión de
justicia evidentemente también se encuentra personificada en el historiador
moderno. Aquel historiador que en el capítulo VI es un passium resonante que, por medio de su sonido, ejerce influencia
sobre los passiva, hasta llenar toda
la atmosfera de una época con ecos y sonidos discreta y sutilmente entrelazados.
Pero para el filósofo este percibir omniabarcante del historiador solo capta una
parte superficial de cada lugar histórico al que llega y a eso agreguémosle que
este historiador no tiene la facultad de sentir y captar la fuerza y la
vitalidad original de este, su objeto de estudio, y en su lugar lo metamorfosea
en un etéreo tañido agudo y débil de la
cuerda. El sentido original, que pudo haber sido propulsor de acciones,
necesidades y vitalidad se trasmuta en un tenue y adormecedor relato desprovisto
de toda fuerza movilizadora.
Entonces imagínese usted que esta
justicia histórica gobierne sin límite alguno la vida de los hombres. No se
puede pensar en nada más que en algo sumamente terrible para la vida si esto
llegara a suceder. Partimos de que al juzgar siempre destruyen, cambian,
sustituyen e imponen. Si detrás de este
loable propósito no existe un impulso constructivo, si este simplemente
destruye para no construir nada en su lugar, si solo la percepción de lo
“justo” y su virtud intrínseca domina únicamente, este instinto creador se
debilita.
En este punto se inicia a construir
el universo conceptual y filosófico de Nietzsche con el cual concluirá como la
teleología cristiana y el historicismo niegan la vida. En este apartado el
filósofo empieza a construir su percepción del tiempo cristiano en el que se
torna al hombre en un elemento pasivo y retrospectivo. Para el filósofo, al iniciar el cristianismo
a transformarse en un saber impulsado por la justicia histórica y pura, “acabara por negar toda cultura que incite a
seguir viviendo y ostente como divisa el memento viviré.”[8]
Esta alianza histórico-cristiana desemboca en la creencia “del sin valor de
todo acaecer”, virando el centro de gravedad de vida en sí misma, pasando por
la “historia”, al “final” de la vida misma. Esto sitúa el sentido de la
existencia en el mas allá, en el pasado, niegan el presente: se ensimismarán en
la contemplación del pasado y el anhelo del futuro. Esta contemplación del
pasado para Nietzsche no es algo muy romántico o sutil. La investigación histórica necesariamente
arrojara resultados pútridos, falsedades, inhumanidad, violencia y carencia de
sentido, disipando una vez más la creencia de piedad e idealización del pasado,
que para Nietzsche es necesaria para poder vivir. Una vez más, la vida aparece masacrada por la
justicia histórica y la pretensión de poseer la verdad.
Una
aparente solución del pensador para este problema es la contraposición de la
historia con el arte. Y solo si la historia soporta y quiere transformarse en
una obra de arte podrá despertar ese instinto de vitalidad y acción para la
vida. Siendo así suena como si hubiera
sido escrito en el siglo XIX el apartado de la profesora Lasso : “El reto, creo, es retomar el contacto con
la literatura, prestarle atención al estilo, al arte de contar historias, sin
perder la seriedad y la profundidad de análisis y uso de archivos que nos dejó
la era de la profesionalización de la historia”[9] Casi 140 años después de
que Nietzsche pusiera de manifiesto la dictadura de la historia
ladrilluda, irreflexiva, esta historia
con ínfulas de poseer la justicia y la verdad, esta historia escrita por
cultifilisteos y para cultifilisteos, nuestra colega Marixa Lasso vuelve a
insistir en que la historia y el arte, la belleza y la rigurosidad tienen que
fusionarse para que Clío pueda cumplir su función revitalizante en las vidas de
los miserables humanos.
2.
La ciencia, el crepúsculo de la vida.
"None are more hopelessly enslaved than those who falsely believe
they are free."
Johann
Wolfgang von Goethe
“Todo el mundo se vanagloria de que
hoy en día la ciencia comienza a dominar sobre la vida[10]”
Esta
frase se pudiera haber escrito ayer y nadie se extrañaría. Perfectamente
hubiera alguien anónimos hubiera realizado una imagen con esta frase desde su
Smartphone, la editaría y posteriormente la subiría a Facebook e Instagram para
luego pasar el resto de la tarde contemplando la pantalla y como esta va
contando uno por uno los me gusta, los comentarios, las reacciones,
autocomplaciendo, satisfaciendo los deseos más superfluos e impersonales de
esas personas que parecieran no ya individuos sino una extensión de su celular.
El hombre moderno como diría Nietzsche, ha sido dominado y domesticado por la
ciencia y una vida llevada de esta manera no posee ninguna clase de valor. Esta
vida es en realidad mucho menos vida y
nos augura un futuro mucho menos prometedor que la antigua no dominada por la
ciencia, sino por instintos y poderosas
imágenes llenas de ilusión.
Y
es que para el filósofo ya desde muy temprana edad se ciega a los infantes,
para que tal como se ciega a ciertos pájaros, su canto sea más hermoso a la
hora de su madurez. El medio para realizar
esta ceguera es “luz demasiado luminosa,
demasiado repentina, demasiado oscilante”. Nietzsche plantea una sobredosis
de historia para las mentes jóvenes, sin embargo, en nuestra contemporaneidad
hipermoderna e hiperconectada se podría decir que desde el mismo instante que
los niños nacen son bombardeados sin cesar por infinidad de imágenes, luces,
aparatos, etc. La sobrecarga y sobreexposición de las jóvenes mentes a los
medios de comunicación masivos; la abrumadora y poco estilizada publicidad que
cada día encuentra la forma de ser más y más invasiva; el nuevo elemento de
difusión y comunicación que la internet y las redes sociales han proporcionado
convirtiéndolas en una herramienta de doble filo para la mente infantil y poco
experimentada, son indicios de que nuestro propio desarrollo tecnológico nos
está sobrepasando y engullendo en una espiral consumista, depredadora,
impersonal y egoísta, y que en este proceso nuestra humanidad, empatía y
sentido de sorpresa o asombro se han visto erosionados. Es fácilmente
comprobable la falta de interés y la casi imposibilidad de las personas jóvenes
hoy en día de sorprenderse con algo, el interés dura lo que dura el video, o el
concierto o la moda viral de la semana, rápidamente buscan otro punto de
interés, igual de efímero y superfluo. Para Nietzsche muy probablemente este
sería el sentido histórico de nuestra época y nuestra gran maldición por
antonomasia. No lo pudo haber escrito mejor, y no puede ser más actual: “la masa de lo que irrumpe históricamente es
tan grande, lo extranjero, bárbaro y violento penetra tan poderosamente, “acumulado en pútridos montones””[11].
Vivimos en la sociedad de lo desechable, del entretenimiento superfluo, del
consumismo depredador, de la interconexión y la cercanía virtual, pero también
en la del alejamiento kilométrico de las personas que están justo a nuestro
lado, de nuestra realidad más cercana y empírica. . “ El hombre joven se ha convertido en apátrida y duda de todas las
costumbres y conceptos”[12]
En efecto el hombre joven ya no
posee ni país, ni patria ni bandera porque además del hastió que le genera su
entorno, la desconfianza que le suscita su tradición y su origen, sus intereses
ahora gravitan en un centro cultural ajeno y extranjero que suministra la
sustancia de la felicidad, sobre lo que se tiene que ver y que comprar durante
esta época del año, las películas que vale la pena ir a ver y los accesorios y
productos que son necesarios consumir para sentirse parte de ese algo, ¿ Pero
ese algo, que es? Que mueve a este
hombre consumido por los me gusta, los retweets y los snaps. ¿En qué instante
se pierde el sentido de la realidad empírica, para sustituirlo por la
pseudorealidad virtual y desde allí, crear el tejido social actual?
3.
La Fábrica de los sueños.
“Every effect that one produces gives one an enemy. To be popular one
must be a mediocrity.”
Oscar Wilde, The picture of Dorian Grey.
En
este apartado, por un instante, siguiendo los planteamientos de filósofo,
concentrémonos en el estudiante histórico, heredero de una tradición gigantesca
a una edad temprana e inmadura. Desde este instante se le ha otorgado en franca
posesión el “método” para su propio trabajo.
Luego, este analiza con toda la rigurosidad y objetividad del caso un
capitulo totalmente aislado y aleatorio de la historia. El estudiante ya ha producido. Es más, el filósofo se
atreve a decir que este ha creado.
Desde ahora el estudiante es un servidor más de la verdad, señor universal de
la verdad y la historia irremediablemente.
Nietzsche
nos introduce a su reflexión mediante el uso de una metáfora bellísima y
sumamente ilustrativa. “si los hombres
trabajan así en la fábrica de la ciencia y deben llegar a ser útiles antes de
que maduren, en breve la misma ciencia quedara tan arruinada como los esclavos utilizados
demasiado pronto en esa fábrica. Lamento tener que emplear la jerga de los
esclavizadores y de los empresarios para servirme de descripción de unos
comportamientos que deberían ser pensados libres de toda utilidad y fuera de
toda necesidad de la existencia, pero involuntariamente brotan de mis labios las
palabras “fabrica, “mercado de trabajo”, “oferta”, “rendimiento” …”[13]
Aquí nada más y nada menos somos
testigos de la ciencia subyugada e incrustada a las infames e indolentes
lógicas del mercado capitalista. Ya bien lo dijo la profesora Lasso y
recientemente en un artículo parecido, el profesor Eduardo Posada Carbo continua
con la apertura del necesario debate hacia la opinión publica de este álgido
problema. El en su artículo plantea respecto a las formas en que ahora se
pretende medir la calidad de las investigaciones en ciencias sociales por el número
de publicaciones en “revistas indexadas” entre otros medidores que “es un criterio que traslada la capacidad de
juzgar la calidad de las investigaciones a entidades relativamente ajenas, no
necesariamente neutrales. Se imponen líneas editoriales que a veces favorecen
temas o metodologías de moda. Algunos evaluadores ocultan sus discrepancias
políticas con argumentos dizque académicos.”[14]
Más adelante se refiere al tema de
la preferencia de los artículos frente a los libros diciendo que “Los más afectados son los libros dirigidos
al público general, incluidos los estudiantes. Como si los académicos solo
debieran escribir para académicos.”[15]
El análisis de las consecuencias de
estos Gélidos monstruos del conocimiento que
evidentemente priman la cantidad, el supuesto “impacto” y sus preferencias
personales sobre la calidad del libro y del investigador, naturalmente no lo
aporta Nietzsche: “La honrada mediocridad
se vuelve cada vez más mediocre, la ciencia en su sentido económico cada vez
más útil”[16]
Mediocridad es la palabra. Las
condiciones y exigencias que hace el mercado a la producción académica
únicamente fomentan la mediocridad y le niegan la vida la academia. Carbo dice
“Es un estímulo a la mediocridad, en
contra de la imaginación”[17].
En un fútil intento por parte de la erudición de estos expertos tecnócratas en
las instituciones de poder se desestimula el desarrollo científico, se
promulgan la mediocridad y la competitividad deshonesta y en contra del
conocimiento progresista y útil para la vida del ser humano. “Cuanto
más rápidamente aceleréis la ciencia también antes la destruiréis” dijo
Nietzsche. Solo puede generar terror el recordar que hace ya unos meses se
cerraron varias facultades de ciencias humanas por considerarlas “inútiles” y
“estorbosas “en Japón, una sociedad hiperacelerada, con la tasa de suicidios
más alta del planeta, en la que los autómatas poseídos por esta ciencia
terrorista contra la vida caminan tranquilamente por las abarrotadas calles. Evidentemente Nietzsche nos advirtió que las
ciencias, y en especial las humanas, no deben estar sometidas a las leyes del
mercado y estas deben servir a su único propósito: conocer, analizar e
interpretar el devenir de los humanos, ayudándolos con su triste existencia.
Ahora, que la misma existencia de estas ciencias esté en peligro es sumamente
alarmante y desesperanzador para las gentes involucradas en las mismas, pero
mucho más para el mismísimo género humano.
Es imperante que abortemos nuestra naturaleza de gallinas exprimidas
hasta el cogote y exhaustas de poner huevos mediocres y superfluos, como
plantearía el filósofo.
Para
concluir quiero plantear una contradicción que el mismo Nietzsche escribió en
su texto y genera cierta incertidumbre. Finalizando el capítulo VI plantea que
la inserción de la ciencias sociales a las lógicas del mercado tienen como fin
“la querida “popularización”,
“feminización” e “infantilización” de la ciencia lo cual no es otra cosa que
ajustar el traje d ela ciencia al cuerpo del “publico medio””[18]
Luego dice que las ciencias tiene que
actuar solo a través de una “elevada praxis” para posteriormente introducir un
concepto de pueblo en el que difícilmente podemos imaginarlo lo bastante noble
y elevado “si tuvieseis el un concepto
elevado de “pueblo”, seríais también misericordiosos con él y os cuidarías
mucho de ofrecerle vuestras mezcladas aguas como bebida revitalizadora y
refrescante”
Entonces no queda claro la manera en que
Nietzsche desea que la Historia le sirva a la gente. En un primer momento
plantea que la mediocridad del trabajo académico es idónea para el “traje” del
público al que va dirigido, publico que dice son los mismos jóvenes eruditos y
sabios que producen para ellos mismos y para satisfacer esa necesidad popular
de curiosidad. Nietzsche la llama “modesta condescendencia del docto hacia su pueblo”
Si seguimos ese planteamiento aristocrático que maneja Nietzsche la primera
medida sería que las ciencias se elevaran a la elevada praxis que les es
necesaria. Luego de que esto suceda ¿el pueblo seria aun digno de la ciencia
que los académicos producirían? Al inicio del capítulo dice que la única manera
en que la historia logre despertar los instintos vitales de los hombres es que
se transforme en arte. El arte como lo piensa Nietzsche también es una elevada
expresión del espíritu humano y solo puede ser realizado por los más
excepcionales ejemplares de los mismos, tales como Wagner o Beethoven. Entonces,
aunque la historia mutara en una expresión artística bellísima nos sigue
haciendo falta un vehículo eficaz para que esta llegue al pueblo y produzca la
vivificación y despierte los instintos vitales en ellos, ya que al final de cuentas
es la principal utilidad de la ciencia para la vida, según él. Sin embargo,
sería interesante preguntarnos si dentro de su concepción aristocrática y
excluyente de los mejores y los más idóneos como los propicios paras el
desarrollo y el cultivo de las actividades más elevadas y bellas, ¿Nietzsche
implícitamente no excluye de manera terminante al pueblo dejándolo a su suerte,
y solo concentrándose en esta selecta población, para que sea ella y no nadie más quienes se
eleven sobre el resto y alcancen el cultivo de una vida virtuosa y entregada al
memento viviré?
La
vigencia y actualidad que resuma la obra Nietzscheana no deber ser interpretada
sino como un llamado a la praxis y a la reflexión rigurosa y democrática al
interior de las ciencias y en especial de la Historia. La necesidad de
repensarnos y repensar el modelo científico y las lógicas de publicación y
difusión académicas y científicas son urgentes. “Si seguimos aceptando el modelo de publicación de las ciencias vamos a
desaparecer por aburridos y por irrelevantes” pero también por mediocres y
conformistas. Es necesario que interioricemos los planteamientos de Nietzsche y
nos llenemos de vitalidad e instinto para que finalmente las ciencias y en
especial la histórica cumplan con su objetivo para con la vida y la dote de
fundamento, de memoria y reflexión para que el futuro de la humanidad sea mucho
más prometedor y la vida deje de ser negada.
Bibliogra
fía.
-Nietzsche,
Friedrich (2013). “Sobre la utilidad y el
perjuicio de la historia para la vida (II intempestiva)”. Edición,
traducción y nota de German Cano. Madrid, Biblioteca Nueva.
-
Vidal, Felip. “La genealogía como método
y el uso genealógico de la historia”. A parte Rei. Revista electrónica de
filosófica. No 29. (septiembre de 2003) pág. 13.
-
Mussy,
Luis G. “Historiografía posmoderna: conceptos, figuras, manifiestos”. Santiago:
RIL editores. 2010.
- Marixa Lasso. “¿Por qué y para quién
escribimos los historiadores?” El Espectador. 26 de mayo de 2016.
-
Posada
Carbo, E. “Mercado en la academia” El tiempo. 22 de octubre de 2015.
[1]
Giddens citado por Mussy. Mussy, Luis G.
“Historiografía posmoderna: conceptos,
figuras, manifiestos”. Santiago: RIL editores. 2010.
[2]
Vidal, Felip. “La genealogía como Método y el uso Genealógico de la Historia” A
Parte de Reí. Revista electrónica de filosofía. No 29. (septiembre de 2013) p.
13.
[3]
Nietzsche, F. “Sobre la utilidad y el prejuicio de la historia para la vida. II
Intempestiva” Ed. German Cano. Madrid.
Biblioteca Nueva. 2013 pág. 98.
[5] Mussy, pág. 24
[6] Mussy, pág. 25.
[7]
Nietzsche, pág. 85.
[8]
Felip. Pág. 1.
[9] Marixa Lasso. “¿Por qué y para quién
escribimos los historiadores?” El Espectador. 26 de mayo de 2016.
[10]
Nietzsche, pág. 100.
[11] Nietzsche,
Pág. 101.
[12] Nietzsche
Pág. 101.
[13]
Nietzsche. Pág. 102.
[14]
Posada Carbo, E. “Mercado en la academia”
El tiempo. 22 de octubre de 2015.
[15]
Posada Carbo.
[16]
Nietzsche, pág. 102.
[17]
Posada Carbo.
[18]
Nietzsche pág. 103.
viernes, 19 de mayo de 2017
Nocturno.
Una noche
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,
Una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida,
muda y pálida
como si un presentimiento de amarguras infinitas,
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
y tu sombra
fina y lángida
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban.
Y eran una
y eran una
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!
Esta noche
solo, el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
por el infinito negro,
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo
por la senda caminaba,
y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida
y el chillido
de las ranas,
sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
¡entre las blancuras níveas
de las mortüorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
Era el frío de la nada...
Y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola,
iba sola
¡iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra esbelta y ágil
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas!...
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,
Una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida,
muda y pálida
como si un presentimiento de amarguras infinitas,
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
y tu sombra
fina y lángida
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban.
Y eran una
y eran una
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!
Esta noche
solo, el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
por el infinito negro,
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo
por la senda caminaba,
y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida
y el chillido
de las ranas,
sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
¡entre las blancuras níveas
de las mortüorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
Era el frío de la nada...
Y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola,
iba sola
¡iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra esbelta y ágil
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas!...
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