viernes, 23 de septiembre de 2016

Sueños.



Sueño.
Sueño con tumultuosos nuches.
Sueño.
Sueño con demonios y con dioses.
Sueño.
Sueño entre muerto y vivo y me desvivo.
Sueño.
Sueño con que tu estés aquí.
Conmigo.

Sueño con el tacto de tus labios.
Te sueño.
Sueño con la calma de tu abrazo.
Te espero.
Sueño entre sollozos y quejidos.
Te quiero.
Sueño con que tu estés aquí.
Conmigo.

Sueño tanto… que me harte de soñar.
Sueño tanto que perdí la realidad
Sueño con tus besos en mi amargo despertar
Sueño a cada instante con dejar de soñar

Sueño con el día en el que tu volverás.

Y junto soñaremos. Juntos. Sin parar
Te voy a soñar, y tú, quizás, a mí.
Me soñaras. 

 
Para L. 

Estar no estando.



Ay manito… Yo sé que es eso.
Estoy, pero sin estar…
Querer estar, pero sin poder estarlo…
Estar sin querer estar…
Estando donde no debería estar…

Yo sé que es eso. La angustia de no querer ser
Y vea, Ser.

Palpitantes punzones en la barriga, hermanito.
La locura a la puerta de la casa
Y uno ahí, jodido, loco, medio ido.
Ya sabes, ella golpeando
Y yo aquí solo estando
Sin querer estar, pero mierda, estando.

Que vaina tan seria, viejito.
Pero acostúmbrese a estar
Estar jodido y angustiado
Estar insomne toda la noche
Estar pensando en no estar
Estar vuelto mierda
Que vaina hermanito.

Y al final de todo…
Si, vea, usted que se imagina al final…
¿Al final de todo?
Exacto compadre
Nada. Ni mierda.
Soledades acumuladas
Sueños frustrados
Tiempo perdido
Y un estar, al final
Desperdiciado.

Dos y Doce.



Agarro mis llaves, mi cartera, los cigarros. Suspiro. Miro de nuevo el reloj. 2:12. Salgo a la calle. El humo del cigarro al disiparse en la oscuridad de la noche me provoca la sensación de ser gaseoso. Mis disertaciones durante las largas caminatas en la madrugada parece que me han mantenido vivo todos estos años. Camino despacio, con parsimonia. Me gusta ver la metamorfosis de la ciudad. Es fascinante. Hay dos ciudades contrapuestas, enemigas declaradas. Durante el día hay luz, rapidez, afanes y correrías voy tarde a la oficina odio el metro dame más café; en la noche, en la noche no hay nada una monedita por favor papi estas buscando diversión a donde lo llevo joven deme todo lo tiene.  Al caminar la vida parece ir a la par con las periódicas caladas al cigarrillo, la sincronía punzante de una pierna después la otra y el ruido de un motor al alejarse. A eso sabe la vida en las madrugadas.
En esta madrugada en particular pienso que ya van a cerrar la tienda que noche a noche desde tantas noches me había suministrado el alcohol para llegar sano y salvo a la mañana siguiente. También pienso que la podredumbre huele a perfume viejo, sudor penetrante y miseria medio negrita, medio cafecita, eso depende de que tan fría y triste pueda llegar a ser la noche, o no. La noche de esta ciudad tiene un reparto de personajes dignos de una gran película independiente. Tomo nota. Siempre a unas tres calles esta esa pequeña chica. No más de unos 15 años, alta, delgada, con una mirada penetrante y perspicaz que al verla te das cuenta que ha pasado demasiadas cosas, demasiadas para su edad y que de niña ya no tiene absolutamente nada.

-Hola guapo, llegas tarde hoy. Siempre es divertido verte a ti, a la misma hora, cada noche, sin falta. Hoy llegas tarde. Me dijo acercándose encima de sus característicos y gigantescos tacones.

- Falso, le dije. Siempre salgo a la misma hora. Mi reloj nunca falla ¿Sabes?
- Pero si llegaste tarde. Esta noche llegaste tarde, tienes que creerme. ¿Estás bien? 
- De nuevo te digo, salí a la misma hora de siempre, hice lo mismo de siempre, siempre lo hago. Y no estoy bien, pero no estoy mal. Ya sabes, solo estoy, como siempre. 
-Bueno ya veraz tú y tu puntualidad mañana guapo, sabes que siempre estoy acá. 
- Lo sé. De verdad que lo sé.
 Sigo mi camino.

 La siguiente cuadra está llena de pequeños bares y cantinas a los que vienen a parar esos tipos que ya no tienen remedio, que, en la madrugada, en la tarde y en la mañana están ebrios. Ebrios de vida, pero más que todo de alcohol y que hace rato nos abandonaron. Los muy malditos se fueron a un mundo borroso, atontado y tambaleante. No los envidio, pero tampoco me molestaría seguirlos, al menos un rato. De hecho, hacia allá me dirijo.
Pienso en los hedores de la madrugada, hedores que expelen los callejones por los que transito con tranquilidad y a sabiendas de su inmundicia. Simple. Me siento parte activa e importante de dicha inmundicia y ella hace parte de mí. Tambaleo entre disquisiciones un tanto extrañas y reminiscencias que me conducen a valles más tranquilos y ríos más calmos. Pero rápidamente, luego de una profunda calada a mi cigarrillo mis pies vuelven a la oscuridad de los callejones y a lo anónimo de la ciudad que nos depredo hace tanto.
En mi travesía nocturna a través de las selváticas calles me tropiezo con un tipo de ser o ente que durante el día simplemente parece que no existiera, tiene la habilidad – o más bien se la otorgaron a la fuerza- de desaparecer frente a los ojos de sus semejantes. Invisible.
Nada más afortunado.
Nada más desgraciado.
Se arrastran por los andenes en busca de redención, comida y sustancias para olvidar su invisibilidad. Seres que descendieron hasta el más hondo de los estadios de la urbe para ser sus habitantes privilegiados; sus dictadores más doctrinarios y recalcitrantes. 
- ¿Todo bien? ¿Qué frio tan malparido no? Por eso va tarde, si o que. Me dijo tratando de levantarse no con mucho éxito del andén. 
- ¿En serio? No voy tarde. salí a la hora de siempre. Le dije un tanto irritado. 
-Huy hermanito esta noche está más llevado de lo normal ¿no? Va tarde mi hermano, o va muy loco, o va muy desquiciado, no tanto como yo, pero casi. Igual va tarde. 
-Mierda. No voy tarde. Tome, olvídese un rato de usted y de mí y principalmente de que voy tarde. Mierda. Y le pase el cigarro de marihuana que siempre, a la misma hora y todas las noches le regalaba. Me caía bien, envidiaba que aun pudiera disfrutarla, yo hace tanto que no podía disfrutar la lentitud, la relajación, la alteridad de no ser… simplemente ya no la soportaba. Desafortunada cosa. La verdad. 
-Buena parce, yo que haría sin usted ¿ah? Hace raaato que me hubiera muerto. Espere, ¡creo que podría ser mejor y hasta más barato para ambos! Exclamo mientras soltaba una sonora carajada y prendía con una felicidad inmensa ese cigarrillo. 
Contemple un momento el humo dulzón confundiéndose con el frio y la oscuridad. Parece que él también se hubiera evaporado, parece que yo también. Sigo mi camino.
La tienda queda a unas tres cuadras. Cuadras largas, solitarias quieto ahí pedazo de mierda denos todo lo que tiene no que le pasa no tengo nada cállese y páselo que lo vamos a matar tome tome no tengo nada más lo cigarrillos ay lo están robando no los cigarros no suerte hijueputa. Un episodio demasiado común para la noche de esta ciudad, no tan así para mis noches. Me habrán robado unas tres veces, bueno, cuatro veces ahora, desde que salgo a esta hora. No sé muy bien por qué. Quizás suerte, quizás no represento muy a menudo un blanco grato para aniquilar por una baratija para hacer llamadas, que por demás no tengo, no lo sé. Mis cigarrillos, eso es lo que más me duele. Mis malditos cigarrillos son la sustancia que me mantiene andando hacia adelante ay joven está bien le paso algo cállese vieja egoísta y malparida que le pasa hijueputa respete pasa que soy un hijueputa sin cigarrillos. Acelero el paso.
Aún tengo algo de dinero. Mi garganta está en llamas, necesito un trago, en realidad necesito                –además un maldito cigarrillo- muchas cosas. Pero al final me conformaría con un trago de aguardiente y un maldito cigarrillo. Ya veo la luz de la tienda. No venden cigarrillos. 
-Mire hermano, con las mujeres toca así, no hay de otra. Todas son unas perras que van de aquí allá en busca del mejor postor. Así son, yo las conozco hermanito, créame, no sufra por esa vieja, camine vamos se busca una bien bonita, se relaja, se olvida y vive tranquilo. La tranquilidad no tiene precio, no ponga su tranquilidad en manos de una mujer. Mala idea. La madre. 
-Que no, no puedo hacer eso. Simplemente no se puede, estoy más allá, ya no solo es tranquilidad, es sosiego, es poder dormir en paz, es saber que no voy a amanecer de nuevo con ganas de pegarme un tiro entre los ojos lagañosos al levantarme hermano, entiéndame. Quizás si voy bien alucinado y puede que me imagine todo, hasta de pronto me la imagine a ella, no sé, lo único que sé es que así es la vaina. De ninguna manera me puedo zafar de ella, de mi…de esto…   mierda, sí que estoy jodido ¿no? 
-En efecto, usted esta es muy jodido. Mierda que vaina tan seria hombre. Nada que hacer, o se muere ella o se muere usted. Lo que primero pase, así lo veo yo mi hermano. 
Salgo de la tienda un tanto asqueado, un tanto pensativo. Curioso es ver lo frágiles que somos. Lo maleables que nos volvemos frente a alguien más… sin ninguna razón aparente. Amor… mierdas no más. Mierdas muy peligrosas, tan peligrosa como el odio, más peligrosa que el peor de los callejones o la bala más certera.  Irremediablemente transitar entre caminos tan atestados de peligros y amenazas solo conlleva a una resolución inevitable. O te mueres tu o me muero yo… la vida y la muerte entrelazadas entre un beso mortal. Un beso entre dos pobres diablos inocentes e ignorantes del camino al que ingresan. Camino inevitablemente dantesco, oscuro, lúgubre y, por demás, hermoso. Cada loco con su cuento.  Pobres ebrios de la tienda ya lejana. Su noche será corta, su sufrimiento, largo.
El camino de regreso siempre parece más corto, menos interesante, mas apurado. Sigo pensando en aquel par de ebrios desposeídos y despechados. Pienso en ella… quieto hijueputa deme todo lo que tiene o le vuelo la cabeza en serio que putas ya no tengo nada no maldito pase el celular que le voy a dar un tiro tengo guaro aaaah si es usted bueno deme un chorro ya que oiga usted sí que va tarde hoy.  Absurdo. Mierda que no voy tarde.  Me volví amigo de mi atracador. Nos tomamos unos tragos, andamos unas cuantas calles. En un callejón el viro hacia la derecha. Minutos después escuche lo que pareció ser unos disparos. Que vaina tan jodida es andar tan loco en la madrugada. Hace ya un rato logre entrar a mi casa. En el camino vi a mi amigo dormido y contento. Mi pequeña amiga ya no estaba, ya saben, el trabajo.  Y mierda es en serio que no voy tarde. Miro el reloj. 2:12. Estoy justo a tiempo. Agarro mis llaves. Salgo por cigarrillos.

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