-¿Me quieres? ¿Alguna vez me
quisiste?- Le dije con lágrimas en los ojos y un dolor indescriptible mientras
mi cuchillo cortaba su ser.
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Estoy loco,
lo sé, hace mucho me di cuenta, y sí, estoy loco, todos lo estamos de alguna manera, pero lo mío
es serio, salido de toda forma y convención, es una locura frenética y
obsesiva, voy contra todos y contra todo porque sí, me obsesiono con
estupideces con la misma facilidad con la que me embrutezco de diferentes maneras, me obsesione con ella,
maldito ese día.
El día estaba
soleado, los pajaritos cantaban, la brisa de la primavera impregnaba el aire,
es decir, todo estaba listo para que pasara algo supremamente hollywoodesco, y
paso. Caminando por aquella maldita calle,
nos encontramos, una vieja amiga y yo, pero ella iba acompañada, de la que no sabía,
sería mi perdición. Fue un encuentro fugaz, quedamos en salir algún otro día.
Todo eso lo recuerdo poco, pero la intensidad con la que aparecen los ojos de
su amiga desde ese momento en mis pensamientos es aterradora, luego me daría
cuenta que tenía buenas razones para aterrarme, pero en ese momento solo pensé
en pedirle su número, me lo dio.
Luego de unos
interminables días de incertidumbre y ansiedad, con la mano temblando
profusamente logre marcar su número, su voz era increíble, como música, acepto mi tartamudeada invitación.
Soy un
estúpido, no me digan que no porque yo sé que es verdad, aun quiero a las mujeres,
las adoro, aún tengo la idea romancista de que son lo más bonito que hay, lo
mejor que nos pudo pasar, que valdría la pena matar mil dragones y escalar
cien montañas por obtener el amor de una
mujer, pero que va, a nadie le importa, frívolos y superficiales, todos,
malditos.
Nuestra
salida fue magnifica, la conversación estimulante, sus ojos espeluznantemente hermosos,
la espiral de mi caída asomaba en un horizonte profano y borroso.
Fue cuestión
de unas semanas para volvernos pareja, o alguna mierda así, yo que sé. Logre
vislumbrar el hermoso monstruo que me tenía embrutecido. Con cada día me
privaba más de mí mismo, me metamorfoseaba en una deforme sombra de ella, la obsesión
convulsionaba mi vida, eso me pasa por loco, me tomo todo tan enserio, todo es
tan verídico, llega un momento en que no hay diferencia entre lo que es verdad
y lo que no, lo imaginario y lo real se confunden en un menjurje de
sentimientos y sensaciones que me matan lentamente. A diferencia de mi
increíble amor y apego, para ella yo era uno más, el segundo o el tercero,
quizás el cuarto, era otro de los tantos que alimentábamos su ego infinito y su
orgullo destructivo para con el resto del mundo. Le importaba un comino si
estaba o no , excepto cuando no había más , me buscaba y me decía que me quería
, solo para que yo estallara en una metralla insana de palabras y adjetivos
tiernos, así se sentía bien . Así le gustaba usarme. Ella estaba más que
consiente de su belleza sobre humana , de sus ademanes de princesa, de su
personalidad enloquecedora y simpática, de su inteligencia sobrenatural; de lo
talentoso que era su arte y en general el arte y la poesía que emanaba de su
ser, lo sabía y se aprovechaba .A todos
nos hizo añicos. Lo disfruto. Lo decidí. Pase la delgada línea. Era mi turno.
Caminábamos
de la mano una noche sin luna por las callejuelas de la urbe, yo tan enamorado
que me daba asco y solo pensaba en venganza, ella pensando quizás en que haría
mañana o de qué color se pintaría sus uñas, egoísta y ególatra, la amaba con
todo mi ser.
-¿Me quieres?
– le pregunte mirando hacia la noche.
-Claro, eres
mi novio, te quiero mucho – me dijo como si estuviera ensayado.
-¿Cuánto? ¿Cuánto
me quieres? – le dije buscando solo molestarla.
-Pues no se…
eso no se puede medir ¿sabes?
- Ojala se
pudiera – le dije con una sonrisa de oreja a oreja.
En lo que
decíamos esto, una camioneta con los vidrios polarizados parqueo unos metros
delante de nosotros. Se bajaron cuatro tipos con capuchas y las caras tapadas
corriendo rápidamente hacia donde estábamos. Me apretó más fuerte la mano e
hizo el ademan de empezar a correr pero ya estaban sobre nosotros. Solo oí su
grito cuando la golpearon y cayó al suelo, a mí me pusieron una bolsa en la
cabeza me amarraron las manos y me subieron al carro todo en menos de un
minuto, sin palabras, como fantasmas venidos de otro mundo en el instante
preciso en que los invoque, eran cumplidos. Logre oír como Ana se levantaba del suelo con
la sangre chorreando por su cara y empezaba a correr gritando un ¡nooo! Lo
disfrute mucho.
Dejamos que
pasara una semana , estaba seguro que para Ana fue una semana de angustias, ansiedades,
denuncias largas e infructíferas audiencias con la ley, recordando cuanto me
quería, quizás ahora podría decirme cuánto.
Finalmente
uno de mis secuestradores la llamo, le dijo dónde estábamos, tendría que venir
ella sola si quería volver a verme y traer cierta cantidad de dinero. Además le
dijo que me estaban torturando y haciendo sufrir, no pararían si ella no se aparecía
el día indicado. Su llanto a traves del auricular me dolió y casi, solo casi,
me hace arrepentirme, ya lo dijo Maná, y
vuela cerca del sol pa'que sientas lo que
es dolor, estaba cerca de llegar al sol.
Al entrar a
la bodega en uno de los barrios más peligrosos y decadentes de la ciudad, estoy
seguro que sintió el penetrante olor a amoniaco y a desechos, nos encargamos de
que fuera lo más terrorífico y nauseabundo, se lo mereciera.
Al llegar al
centro de una pequeña sala llena de cuchillos, cadenas e instrumentos quirúrgicos
formulo un escueto- ¿hay alguien hay? – .Mis secuestradores y yo salimos
lentamente de las sombras y la rodeamos. Nunca olvidare su cara al ver la mía,
de horror, incertidumbre, odio, miedo, amor y en la profundidad de sus ojos de miel,
un sórdido arrepentimiento. Ana no sabía que decir, tenía razón, ya no había
nada más que decir. Nos abalanzamos hacia ella dos de nosotros, la amarramos de
pies y manos a una plataforma en la mitad de la pequeña sala maloliente. No
podía dejar de gritar y maldecirme, imprecaciones totalmente vanas.
-¿Ahora me dirás
cuanto me quieres?- le dije poniendo mi cara a unos pocos centímetros de ella.
Me escupió.
-¿Por qué
haces esto? ¿Qué te pasa? ¿Estás loco?
- Sí, estoy loco,
loco por ti, tan loco que esta fue la ultima cita mas romántica que se me
ocurrio.
- Suéltame, suéltame,
estás loco; ¡ayuda! ¡Ayuda!
- Aquí nadie
te va a oír, ni siquiera todas tus parejas y amantes, esta sola, condenada,
como me condenaste a mí.
Ahora no
quiero ser muy explícito, pero la torturamos, no me arrepiento de nada, en mi
infinita locura eso está bien, antes la amaba; ahora la odio. Pero aun moriría
por ella, de hecho, lo voy hacer. Debo aceptarlo, después de un rato su llanto
me petrifico e hice que pararan, la quería a pesar de todo, a pesar del odio a
raíz de su engaño, de su egoísmo, de su hermosura que ya no me dejaba vivir. No
les pido que me entiendan porque ni yo
me entiendo. Solo quiero que se enteren de mi historia, trágica, absurda, pero
al menos no es cliché.
-Te
quiero, te quise vertiginosamente , sin
tapujos , con todo mi ser, enloquecido y embrutecido con el tuyo, no te importo
; te valió un soberano culo , me usaste para subir tu ego que va en marte,
egoísta , desconsiderada, te amo, maldita sea.- le dije mientras mis ojos se
llenaban de lágrimas y el mundo alrededor mío se consumía.
- Yo también
te quiero, por favor suéltame, no me hagas más daño, te quiero, por favor
podemos hablar, solo quiero salir de acá.
- No, ya paso
el tiempo de hablar y de decir cosas, se acabó el tiempo, se acabó nuestro tiempo.
Lo siento.
- ¿Qué? A que
te refieres, ¡de que hablas!, suéltame maldito, suéltame ya, ¡desgraciado!-dijo
desesperada. Mientras mi mano se hizo con un cuchillo.
-¿Me quieres?
¿Alguna vez me quisiste?- Le dije con lágrimas en los ojos y un dolor
indescriptible mientras mi cuchillo
cortaba su ser. La sangre me cubrió todo, sus gritos ahora eran un susurro
quedo e intermitente.
- De verdad
te quise, eras el único que me quería… - Fueron sus últimas palabras, también
las ultimas que escuche. Con el mismo cuchillo atravesé lo que quedaba de mí,
entre a la muerte mirándola a los ojos.