lunes, 31 de marzo de 2014

Resistencia.

Soy pasado sin futuro,
Soy  rima  sin poema, 
Soy el verso mas perfecto,
Soy la miseria mas ajena.

Fui eterno en un susurro,
Fui nubes y  tinieblas,
Fui sonrisas y saludos ,
Fui  ideas que estan muertas.

Quiero no ser y disolverme,
Quiero irme lentamente,
Quiero ser nadie y ser todos,
Quiero ser mente sin cerrojos.

Espero ser resplandor e indiferencia;
Espero ser recuerdo entre los seres,
Espero irme entre mujeres ,
Espero ser dolor , ser resistencia.

lunes, 24 de marzo de 2014

Un verso.

Regálame un verso extraño y desposeído, 
Queme transporte y exile. 
Regálame uno valiente y enfurecido 
Que me sangre y me auxilie. 
 Arrójame uno de esos rapaces y maldecidos 
Que me lleve y me desangre. 
Arrójame uno de esos sabor a besos
 Que me mate y cure soledades. 
Quisiera regalarte un verso; 
Tan eterno como etéreo.
 Quisiera regalarte un beso; 
Tan extraño y pasajero. 
Quisiera darte una rima al azar
 Donde el viento pulula sonrisas y susurros 
 Que demuestre sin preguntar 
 El tiempo suspendido al lado tuyo.
 Quiero un verso aleatorio ,
Sin sentido y sin rumbo
 Como el sujeto, ese vagabundo
 Que se perdió entre lápices y murmullos.




domingo, 23 de marzo de 2014

Lamento


¡Oh Luthien! ¿A donde hemos llegado? 
Hemos viajado, hemos luchado

Pero ¿a donde hemos llegado?
De hecho, ¿que hemos estado buscando?
El poniente horizonte se esconde ante nuestros ojos
Nuestras esperanzas, sueños  y recuerdos ahora todos inciertos.
¿Qué queda? ¡Oh! Luthien, ¿que nos queda?
Supongo, entre preguntas y lágrimas, que tu quedas.
Tu sonrisa que poesía solo despierta
¡Exultante y eterna! la más bella princesa.
¿Por qué a los mares lejanos zarpas?
¿Acaso  mi amor ya no deseas?
Monólogos escupe mi boca
Versos mis manos gimen y lloran
El crepúsculo de un alma sonora
Desciende a los infiernos en busca de ti, mi señora
Mi trémula alma, en noches oscuras,
Presiente y detesta , en versos que lloran,
Escribe y extiende sentencias quejumbrosas.
¡Supura que no serás mía!
Drena por mis llagas  el dolor de tu ausencia,
Grita y pregunta ¿por qué te vas ahora?
¡Mi tormento  y mi desdicha! El más grande lamento
De un hombre mortal condenado al descenso
Que a veces ignora cuánto daño hacen los sueños.
Tus labios sobre los míos, dulce remedio
Delirante suspiro, escrito, y en verso,
Pero jamás el destino me será tan correcto.
A veces lo siento y de desdicha me lleno
¡Nunca  serás mía! Ello, lo acepto
¿Pero acaso? oh Luthien, el más bello lamento
Con cada verso que escribo
Mi corazón se rehace y te encuentro
Con cada verso que escribo
Realmente siento, que a tu lado me encuentro.



jueves, 13 de marzo de 2014

Más bien parezco un loco.

Autor: Edward Iván Gonzáles Quiñones
Estudiante de antropologia UN
Tomado de revista " La ventana"


Me dijo, inadvertida, que parezco loco. Sus imágenes son reminiscencias instantáneas. Desconfió de mi memoria; dudo de la realidad que viví junto a ella. Son tormentosas las posibilidades de que haya sido un sueño; un sueño de ensueño, tornándose en pesadilla.
La cerveza no es bebida para recordar. Es amarga, al cabo; sabe muy amarga hoy. Suena música que voy programando. Una rocola: decenas de monedas de doscientos pesos para escuchar música de la que quiera y en los rincones de una cantina se oye despecho, todos diciendo lo mismo. Javier Solis. Jose Alfredo Jiménez .Chávela Vargas…se va oscureciendo y no la dejo de pensar. Temo la llegada de la noche. Todas las canciones parecen ser mi historia, son mis composiciones. Ese bolero es mío… que importa quién lo haya hecho, es mi historia y es real… Ese bolero es mío, por un derecho casual, porque yo soy motivo de su tema pasional…
El aguardiente sería mejor ahora, pero nunca me ha gustado su sabor, prefiero chirrinchi. Sabe dulce, mucha más ardiente. Es traicionero; enloquece. Quema. Revuelve los sentidos. En ese salvaje occidente de Boyacá, tierra del destilado de guarapo, el chirrinchi, pocos lo toman, muchos menos quienes lo admiten.
Unos aventureros apostaron por sostener que los mitos no son cuentos raros, que son “verdad”. Creer en el amor es creer en un ente mítico; un cuento raro dice, además, que va acompañado de la locura. Tan mítico es, que hay quienes luchan contra la corriente pregonando que no creen en él. El amor es un mito… Tú eres mi amor. Tú eres mi mito. Por eso tuve un cuento (raro) contigo. Ella se desvaneció, sin dejar más rastro que mi pena; quise un amor mítico, una locura, locura como la de Felipe Pirela: para vivir contigo eternamente, y ser uno del otro imprescindible, en la muda elocuencia de los besos. Y tener nuestro amor en lo intangible… Cuando la vida eterna se desprenda y el infinito muera en el olvido, quedará nuestro amor como la ofrenda de dos que aunque pecaron han vivido. Ahora está ausente.
Temo la llegada de la noche. Ya está oscuro, tan sólo la pienso. Como todo, nuestro querer, una víctima de tensiones; nunca hay un estado perfecto de equilibrio, siempre apremia la entropía. Más bien lo mío fue una utopía. Con candor. El alma entera yo le di, pensando en nuestro idilio consagrar. Sin pensar que ella lo que buscaba en mí, era el amor de loca juventud.
Nadie se atreverá jamás a decir que mi querer no fue genuino. La quise desde que la conocí. Pero nadie me llame cobarde, sin saber hasta donde la quiero. Confieso mi pobre capacidad para confiar. Me aterra depositar mi vida en otra. Me horroriza pensar en un suspiro perpetuo. En otras palabras, tengo miedo de la traición, de la decepción, de su devenir en desconsuelo. Para dejarlo más claro, soy “cerrado”. La apertura es un privilegio, no tanto para los otros como para mí. Es un desahogo. Me aterra depositar mi vida en otra. Pero no menos cierto es que lo necesito. A ella me entregué.
Debí saberlo desde un principio. Me había jurado no prestarle atención, no insistir en perseguirla entre la niebla, esquivando esa sombra que siempre se interpuso entre ambos. Ya la había llorado, cualquiera sabría identificar esa señal. Siempre ha logrado doblegar mi voluntad. No pude evitarlo. Comenzó por las manos, como inicia cualquier artesanía. No puedo dejar de pensar que resultó ser una cerámica de las que hace doña Rosa en Ráquira y terminan “chitiadas”, se rompen intempestivamente.
Veo innecesario negar la “cursilería” que agobia cualquier idilio ¡Te quiero con el alma! Te quiero con ternura, con miedo, con locura. Al parecer, en el amor, ocurre que todo se reduce a una unidad formada por dos. Se crea un individuo a partir de dos. Como en él todo es pura locura, el loco es, además, egocéntrico. Es yo y lo relativo a él; piensa el mundo desde ahí. Las dos partes, egocéntricas, “crecidas” por saberse idolatradas por otra son, sin embargo, solidarias, cuando menos entre ambas. El egoísmo es distinto: no es yo pensando en sí mismo para relacionarse condescendientemente con el mundo, sino pensando el mundo en función del yo. Me esfuerzo por no creerte egoísta. Puede que esté condenado a tu egoísmo, Soy víctima de la prisión de tus ojos. Una prisión sin obstrucciones, similar a las colonias carcelarias de principios del siglo XX que condenaban a los reos a vivir en lugares inhóspitos, de los cuales escapar equivalía a morir, a desaparecer interno en la selva. Le dije, y ella estuvo de acuerdo, que su querer era menor al que yo sentía por ella. Qué se puede hacer con el amor… si es cosa de él. En retrospectiva, cuán chistosa me parece la noche en que, de no ser por la iluminación nada romántica, te dijera “te amo”; fui estúpido, lo hice.
 La noche tiene pocas estrellas. Y los “te quiero”, cada vez más férreos, murieron en su punto más alto. Murieron en donde germinaron; no lo esperaba. El amor es también un encanto, uno está encantado. Se fue como el encanto de la laguna de Ancamáy, o eso dijo don Segundo en la calurosa vereda, ofreciendo guarapo. Anhelo el pasado, sueño en nuestro ayer. ¡Qué efímero! ¡Qué ausente! ¿Tu ausencia me matará o me dejará así, chiflado? Nada buenas son las opciones que me deja Lavoe.
No sé de qué padezco, pero los síntomas están localizados en el corazón, todo en el centro del cuerpo, el alma debe estar allí. Dicen que yo no te conozco, que yo debo estar loco soñando en tu querer. Que me salgo en la noche a llorar mi locura y a contarle a la luna lo que siento por ti. Me tortura su desprecio, su ausencia, es no más que un vacío. Si me llama “el loco” porque el mundo es así. La verdad sí estoy loco, pero loco por ti. Es una pena profunda.
Lo admito, estoy loco. O mejor, lunático. Me aseguré inquiriendo diccionarios, y sí. Tengo perturbada la razón; mi amor, aún más mi despecho, están exaltados; mis sentimientos por ella son muy intensos, fuera de lo común. Como ya no está la olvido por instantes, pero es la noche el gatillo de mi locura, que es lunática, porque no es continua; porque tú, luna,  exhortas mi memoria. Desde que te marchaste dormir casi no puedo, hay noches que despierto con ganas de llorar .Te quiero. Te amo. Te idolatro. Idolatría, un amor primitivo, el pecado del salvaje; amor indio, irracional.
MI vivir es mítico. El destino es cruel; mala suerte tengo yo. Ya ves que no soporta tu ausencia el corazón.  Del amor no se escapa nadie, debe ser con locura para ser verdadero y quien no lo tiene lo anhela lunático. De la locura, entonces, nadie se salva… No te salves,  dice el poeta. Te juro que en mis locos delirios te llamo, parece tenerte de nuevo a mi lado… pero todo es mentira, se destruyó mi sueño, mi único consuelo en las noches es llorar… Huir del mito, de la sociedad, del amor y la locura, es de superhombres. Yo soy corriente, nada especial. Eso que canto lo cantan y lo cantaron muchos, no menos lo cantarán pronto. Quiero creer, empero, que son mis letras inspiradas en ti.

La luna escala la noche. El trago, dulce y amargo, tenue y ardiente, se extingue. No cesa la reminiscencia, no concluye el querer. Más bien parezco un loco, confuso y sin destino. Nunca pensé que tanto se amara a una mujer. Mi voz se pierde entre el llanto. Te amo con locura, tu ausencia me enloquece; la noche me tortura  y la luna me consuela. Pero me serena la fortuna de la distancia; el olvido camina junto al tiempo. “Ojalá que te vaya bonito”.  No queda más que esperar, con desesperación. Sueño o pesadilla, confundo entre realidad y quimera. Y sin distinguir entre ellos, el destino es incierto y la bruma de la noche absorbe lo que queda de mí.

lunes, 10 de marzo de 2014

El arte

¡Que viva el lirismo enajante! ,
Que me arrastre y me revuelque.
Que me asfixie , que me muera;
Que entre poesía  desfallezca.
Que el lenguaje me recree ;
Que la realidad, ella misma, se exagere.
Los días serán rimas,
La vida será notas.
Que su cauce me levante 
Me adormezca y me libere.
Entre versos inescrutables,
¡Entre ritmos impensables!
Me destroce , me cercene ;
Me conduzca entre placeres,
Hacia las fauces,
Hacia tus fauces 
¡Y al fin! , hacia mi muerte.

lunes, 3 de marzo de 2014

La cruzada del perdon




Al despertar miró a su alrededor, solo había oscuridad y sentía frío, un frío implacable que le helaba hasta los huesos y le recordaba que debería estar por amanecer en la ciudad.

Le pareció curioso lo que en ese momento experimentaba, era una metáfora absurda de lo que había sido su vida en los últimos meses, la transición, la realidad travesti: del día, la luz, el resplandor; a la noche, la oscuridad y a la miseria del recuerdo, el que quema el alma, asesina la memoria, algo que sólo puede ofrecer la mas pérfida ciudad, el lugar donde, a pesar de todo, él se encontraba.

Trató de pensar, de recordar, qué mal juego del destino lo había llevado hasta ese nivel de la ciudad, a la miseria del callejón,-donde la luz es un mero recuerdo de días mejores-con sus únicas pero fieles compañeras, las ratas,-pertenezco a los callejones del infierno-se dijo-y quiso saber dónde estaban los humanos en su vida.

Sin más, se embriagó en las aguas de la memoria, en el recorrido de su olvido, se halló echo a un lado, las palabras y las imágenes borrosas -pero reales- lascerándolo-. Llegó la primera, la de su esposa: alta con hermosos ojos color anís que al mirar parecían escrutar hasta el infinito, sus rasgos bien definidos,suaves,armoniosos tal como si un escultor griego la hubiera detallado sólo para él, recordó sus rizos negros, brillantes como un diamante, refulgentes como la noche con la más hermosa luna y al fin comprendió que la había tenido en tiempo pasado como un acierto ¿del destino?¿acaso Dios? No importaba, lo único que sabía era que como alguna vez la tuvo alguna vez la perdió. Recordó a su hijo ya todo un hombre, con 17 años, atlético, alto, inteligente, ágil deportista y buen lector, si, un buen hijo que estaba ahora en lugares inciertos con el recuerdo de un padre ebrio de estupidez y con el sentimiento de odio asociado a una relación marchita.

Quiso pensar en sus aciertos, en su empleo, en su esfuerzo, su posición, el contraste con la situación que ahora lo engullía, una vez abogado, defensor de ricos, de corruptos, de ladrones con cuellos blancos,-cobraba más de lo que robaban. – pensó-Naturalmente, sobornó jueces y presionó a camaradas, llevando el proceso burocrático siempre tan torpe, tan lento a su tope para sacar una buena rebanada del pastel de la pseudodemocracia, su aliada y su protegida y ahora que se encontraba en la alcantarilla que se traga la podredumbre de la sociedad, su enemiga. Lo abrumó su realidad, un indigente, un desechable, un don nadie, la basura moderna, el desperdicio del consumismo-lo que no sirve se vota-dijo alguna vez- ahora eso era él. Recordó al fin el fatídico día, el inicio de su desdicha, la incomodidad en la casa, el tiempo en la oficina, las miradas de reojo a su remarcable secretaria y su matrimonio en declive.-todo se fue a la mierda ese mismo día.-gruñó-Salió temprano del trabajo, en lugar de ir a casa,-que en esos días se había reducido a la menor expresión de hogar-decidió ir en busca de sensaciones a un bar donde solía concretar tratos con ciertos clientes. Una vez allí, reconoció rostros, personalidades: concejales, congresistas, diputados… representantes de su país, de la justicia; embriagados, protegidos en los brazos de prostitutas (que exhibían sus cuerpos muchas por placer la mayoría por necesidad, en espera de una paga que poco a poco las sacaría de pobres)-pobres, sí, ilusas por supuesto.-se dijo- en el anonimato que provee la ignorancia del pueblo. De pronto una hermosa chica lo sacó de sus cavilaciones cuando le dijo-

-¿Quieres compañía guapo?- ¿por qué no lo haría? lo tomó del brazo y lo llevó a uno de los elegantes cuartos de la parte trasera del mismo bar. Al llegar le dijo-dame 100.000 y seré tuya un rato- él metió dudoso la mano en su bolsillo, sacó un fajo de billetes y se los entregó, y antes de ser infiel a su esposa por primera vez en mucho tiempo la hermosa chica sacó una pequeña bolsa con un polvo blanco-Esto es para relajarnos, es cortesía de la casa, ten, pruébalo- ¿de verdad lo haría?¿se drogaría? ya estaba allí ¿no?, así que la tomó y aspiró de la manera en que la chica le indicó. Después se perdió entre las curvas de aquella desconocida.

Ahora repudiaba con todo su ser ese momento, ya lo había descubierto, fue el detonante de su catástrofe, de su hecatombe personal, de su desdicha infinita debido a ese pequeño desliz, se convirtió en un drogadicto consumado y posteriormente alcohólico.

Lo comprendió todo de golpe, una cosa había llevado a otra, el alcohol lo hizo odiar a su hijo, golpear a su esposa, luego vino el divorcio. Su felicidad en la basura como en un abrir y cerrar de ojos, todo al desbarrancadero, al precipicio sin salida de lo que sería después su propio remordimiento. Pasaron los días, el juicio, la burocracia que él ejerció por su cuenta lo hizo salir con todo, no le dio nada a su esposa o hijo,-¿como iba a permitir que seres tan despreciables obtuvieran algo de él?-en ese entonces pensaba.- pero en ese momento se permitió llorar, agarrarse del viento y sufrir las consecuencias de su propia estupidez, solo se podía permitir seguir recordando…De la noche a la mañana su considerable fortuna desapareció como desaparecen vidas cada segundo en este planeta, en cuanto a su dinero él fue el único culpable de malgastarlo: en mujeres drogas y alcohol. No fue mucho después que el buffet de abogados al que pertenecía se diera cuenta de que ya no era un elemento útil, la sociedad se encargó del resto. Al poco tiempo lo despidieron y se vio rodeado del cuello por la soga financiera, desempleado, con cuentas exageradas por pagar en incluso una hipoteca.
Declararse en bancarrota no sirvió de nada, perdió su casa, su carro, los vestigios de su vida, allí murió, y allí nació lo que era ahora.

Empezó deambulando por las calles, pidiendo caridad, una mísera limosna, se dio cuenta del egoísmo de la gente, de la poca solidaridad y del desprecio por el otro, se sintió excluido y perdido en un mar de basura que ahora llamaba hogar. Ya no pudo recordar mas, el dolor de cabeza era tremendo, y sabía que hace unas horas estuvo a punto de morir por la alta dosis de heroína que se había inyectado y no podía dejar de preguntarse ¿Por qué no murió como la rata asquerosa que era?¿Que clase de broma era la que le jugaba el destino?

Miro al horizonte y vio al sol que se asomaba iluminando de nuevo aquella ciudad que tanto odiaba, el dolor mermó y pudo ponerse de pie y sentir el calor de ese nuevo día, de golpe comprendió porqué sobrevivió hace unas horas, comprendió que como la noche llega siempre habrá un amanecer que traiga consigo calor,luz,iluminación,sabía que necesitaba reivindicarse con el mundo, ¿su esposa, su hijo, dónde estarían?¿Serían capaces de perdonar todas sus faltas y porquerías?¿Podría recobrar su vida de alguna manera? No, ya no quería su antigua vida, él ahora era alguien nuevo, él estaba dispuesto a hacer lo justo,lo bueno hasta el final de sus días, así se arregló un poco la maraña de pelo, se alisó la barba, exhaló y emprendió la marcha hacia el horizonte, hacia la luz, hacia el calor. Ese día, inició la cruzada del perdón.

Mr Hyde.

-¿Qué me ha pasado? ¿Que soy? ¿De dónde vengo? ¿En qué me he convertido?-¿cómo se va a convertir algo que nunca ha sido?- bestia pérfida, aléjate de mí. –Tendrás que decirme cómo lo hago porque yo soy tu.- Que insensateces dices, sal, lárgate déjame solo con mi miseria.-no, nunca me iré, nunca te abandonare por siempre seremos uno y a la ves por siempre seremos nada, ¿no crees? No somos nada, nunca hemos sido nada, y no seremos nada, de la nada venimos y para la nada vamos, ¿no lo has pensado? ¿Cómo justificar la existencia? ¿Cómo justiciar la incomodidad que causas al mundo? ¡Oh ser que no eres! ¿No quieres llegar a ser?- ¡sí! No tengo  más anhelo que ese, pero dime ¿cómo lograría semejante odisea?, acaso, ¿hay algo en la vida del hombre que en realidad justifique el existir? ¿Hay algo? -Yo no lo creo.- 

Abismo.

Entro en el cuarto, percibió la atmosfera pesada, cargada de un sopor extenuante, como si el aire gritara agonizante lamentos de tiempos ya olvidados. Luego, avanzo hacia la cama y se recostó, exhausto, fastidiado del mundo, cansado de las personas, no lo pudo contener y lloro.
Lloro desconsoladamente, lloro dejando todo su ser, lloro por qué no podía hacer nada mas, lloro porque su alma lo necesitaba, lloro por todas y cada una de las personas que amaba, también por aquellas que odiaba, lloro por todo lo que no puede llorar un animal o una planta en presencia humana, sintió que lloraba por todos los que se negaban a hacerlo. La sangre del alma le fluía por las mejillas como ríos crecidos, y su cuerpo convulsionaba al ritmo del más extraño compas, su desesperación. Su mente se sumergía en niveles tan insospechados de tristeza, desesperanza y desolación cada vez un poco más profundo por cada lágrima que sus sobreexplotados ojos expulsaban con la desesperación mas sincera jamás sentida.
 En medio de tal frenesí de caída hacia el más oscuro abismo, en medio de tanto extravió mental y físico recordó que había causado su explosión, le pareció tan cliché, pero tan verdadero e inevitable en el mísero ser que es el humano, que el torrente de sus mejillas incremento y sus sollozos de ser simples susurros pasaron a ser auténticos gritos de dolor. Si, estaba así por culpa de ella, una mísera mujer, sus convulsiones aumentaron a medida que pensaba a qué nivel tan absurdo había llegado su amor hacia ella, su dependencia era total, su ser era una extensión del de ella, vivía por ella y para ella. ¿Pero como evitarlo? estaba plenamente convencido que ella es la más hermosa entre los mortales; sus ojos son oscuros como las sombras del crespúsculo; sus cabellos al viento parecen bailar la más hermosa e hipnotizante canción ; su voz , ¡ay su voz!, a veces tan queda como el susurro de las hojas finalizando el otoño, otras, como la voz de las aguas claras que purifican todo a su paso; el aroma de su divino cuerpo es tal que todos los repugnantes olores del mundo parecen un lejano recuerdo cuando sientes ese perfume de dioses; y su presencia ,su presencia es como la luz de las estrellas sobre las tinieblas del mundo. Su gloria y su belleza hacen resplandecer todo a su paso, y todo el mundo, pero en especial el, está condenado a rendirle pleitesía.
Por todo aquello, se sintió miserable, demasiado pequeño, demasiado repugnante a los ojos de tal belleza sobrehumana, esa a la que tanto amaba. 
Sus ojos clamaban misericordia, pero su alma aun no había si quiera empezado la larga letanía de pecados, miedos, intrigas, cobardías y de mas escoria que él solía producir y que estaba en proceso de exorcizar. De nuevo, sus trémulos pensamientos se posaron en ella, y otra vez recordó el asqueroso ser que el encarnaba , y lloro, lloro por que la amaba más que a cualquier cosa en el mundo, pero lloro mas porque sabia que no podría tenerla jamás a diferencia de cualquier otra cosa del mundo. Y se odio, se odio a sí mismo como si fuera su mas acérrimo enemigo, se odio hasta más no poder, se odio por no ser suficiente para ella, se odio por ser tan cobarde de mirarla cada día a los ojos y contemplar su alma prisionera en esos orbes y no poder gritárselo al mundo, ¡que la amaba con locura!, ¡con el mas sumo desenfreno!, que haría lo que fuera por tenerla entre sus brazos si quiera un instante, pero quien oiría los graznidos y gritos de semejante adefesio.

Allí, sumido ya en un mar de lagrimas, esperanzas y sueños destrozados, abrió lo ojos, no percibió mas que oscuridad, sopor y letargo además de sus lagrimas como lava quemándole lo que quedaba de vida. Entonces sintió frio, primero empezó por los pies, luego subió como una serpiente reptando a través de su cuerpo y se apodero de él, un frio gélido, paralizante y muy aterrador. En efecto comprobó que no se podía mover, estaba totalmente inmovilizado ahogándose en su propio llanto, y súbitamente la vio a ella, hermosa, resplandeciente como siempre, al ver sus ojos tan indescriptibles como siempre, lo comprendió, al fin se había ido, podría estar con ella y ya su cuerpo nunca se lo impediría, pero también entendió que ella nunca lo sabría.

Memorias de un ser despreciable.


-¿Me quieres? ¿Alguna vez me quisiste?- Le dije con lágrimas en los ojos y un dolor indescriptible mientras mi  cuchillo cortaba su ser.
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Estoy loco, lo sé, hace mucho me di cuenta, y sí, estoy loco,  todos lo estamos de alguna manera, pero lo mío es serio, salido de toda forma y convención, es una locura frenética y obsesiva, voy contra todos y contra todo porque sí, me obsesiono con estupideces con la misma facilidad con la que me embrutezco  de diferentes maneras, me obsesione con ella, maldito ese día.
El día estaba soleado, los pajaritos cantaban, la brisa de la primavera impregnaba el aire, es decir, todo estaba listo para que pasara algo supremamente hollywoodesco, y paso. Caminando por  aquella maldita calle, nos encontramos, una vieja amiga y yo, pero ella iba acompañada, de la que no sabía, sería mi perdición. Fue un encuentro fugaz, quedamos en salir algún otro día. Todo eso lo recuerdo poco, pero la intensidad con la que aparecen los ojos de su amiga desde ese momento en mis pensamientos es aterradora, luego me daría cuenta que tenía buenas razones para aterrarme, pero en ese momento solo pensé en pedirle su número, me lo dio.
Luego de unos interminables días de incertidumbre y ansiedad, con la mano temblando profusamente logre marcar su número, su voz era increíble, como música,  acepto mi tartamudeada invitación.
Soy un estúpido, no me digan que no porque yo sé que es verdad, aun quiero a las mujeres, las adoro, aún tengo la idea romancista de que son lo más bonito que hay, lo mejor que nos pudo pasar, que valdría la pena matar mil dragones y escalar cien  montañas por obtener el amor de una mujer, pero que va, a nadie le importa, frívolos y superficiales, todos, malditos.
Nuestra salida fue magnifica, la conversación estimulante, sus ojos espeluznantemente hermosos, la espiral de mi caída asomaba en un horizonte profano y borroso.
Fue cuestión de unas semanas para volvernos pareja, o alguna mierda así, yo que sé. Logre vislumbrar el hermoso monstruo que me tenía embrutecido. Con cada día me privaba más de mí mismo, me metamorfoseaba en una deforme sombra de ella, la obsesión convulsionaba mi vida, eso me pasa por loco, me tomo todo tan enserio, todo es tan verídico, llega un momento en que no hay diferencia entre lo que es verdad y lo que no, lo imaginario y lo real se confunden en un menjurje de sentimientos y sensaciones que me matan lentamente. A diferencia de mi increíble amor y apego, para ella yo era uno más, el segundo o el tercero, quizás el cuarto, era otro de los tantos que alimentábamos su ego infinito y su orgullo destructivo para con el resto del mundo. Le importaba un comino si estaba o no , excepto cuando no había más , me buscaba y me decía que me quería , solo para que yo estallara en una metralla insana de palabras y adjetivos tiernos, así se sentía bien . Así le gustaba usarme. Ella estaba más que consiente de su belleza sobre humana , de sus ademanes de princesa, de su personalidad enloquecedora y simpática, de su inteligencia sobrenatural; de lo talentoso que era su arte y en general el arte y la poesía que emanaba de su ser, lo sabía y se aprovechaba  .A todos nos hizo añicos. Lo disfruto. Lo decidí. Pase la delgada línea. Era mi turno.
Caminábamos de la mano una noche sin luna por las callejuelas de la urbe, yo tan enamorado que me daba asco y solo pensaba en venganza, ella pensando quizás en que haría mañana o de qué color se pintaría sus uñas, egoísta y ególatra, la amaba con todo mi ser.
-¿Me quieres? – le pregunte mirando hacia la noche.
-Claro, eres mi novio, te quiero mucho – me dijo como si estuviera ensayado.
-¿Cuánto? ¿Cuánto me quieres? – le dije buscando solo molestarla.
-Pues no se… eso no se puede medir ¿sabes?
- Ojala se pudiera – le dije con una sonrisa de oreja a oreja.
En lo que decíamos esto, una camioneta con los vidrios polarizados parqueo unos metros delante de nosotros. Se bajaron cuatro tipos con capuchas y las caras tapadas corriendo rápidamente hacia donde estábamos. Me apretó más fuerte la mano e hizo el ademan de empezar a correr pero ya estaban sobre nosotros. Solo oí su grito cuando la golpearon y cayó al suelo, a mí me pusieron una bolsa en la cabeza me amarraron las manos y me subieron al carro todo en menos de un minuto, sin palabras, como fantasmas venidos de otro mundo en el instante preciso en que los invoque, eran cumplidos.  Logre oír como Ana se levantaba del suelo con la sangre chorreando por su cara y empezaba a correr gritando un ¡nooo! Lo disfrute mucho.
Dejamos que pasara una semana , estaba seguro que para Ana fue una semana de angustias, ansiedades, denuncias largas e infructíferas audiencias con la ley, recordando cuanto me quería, quizás ahora podría decirme cuánto.
Finalmente uno de mis secuestradores la llamo, le dijo dónde estábamos, tendría que venir ella sola si quería volver a verme y traer cierta cantidad de dinero. Además le dijo que me estaban torturando y haciendo sufrir, no pararían si ella no se aparecía el día indicado. Su llanto a traves del auricular me dolió y casi, solo casi, me hace arrepentirme, ya lo dijo Maná,  y vuela cerca del sol pa'que sientas lo que es dolor, estaba cerca de llegar al sol.
Al entrar a la bodega en uno de los barrios más peligrosos y decadentes de la ciudad, estoy seguro que sintió el penetrante olor a amoniaco y a desechos, nos encargamos de que fuera lo más terrorífico y nauseabundo, se lo mereciera. 
Al llegar al centro de una pequeña sala llena de cuchillos, cadenas e instrumentos quirúrgicos formulo un escueto- ¿hay alguien hay? – .Mis secuestradores y yo salimos lentamente de las sombras y la rodeamos. Nunca olvidare su cara al ver la mía, de horror, incertidumbre, odio, miedo, amor y en la profundidad de sus ojos de miel, un sórdido arrepentimiento. Ana no sabía que decir, tenía razón, ya no había nada más que decir. Nos abalanzamos hacia ella dos de nosotros, la amarramos de pies y manos a una plataforma en la mitad de la pequeña sala maloliente. No podía dejar de gritar y maldecirme, imprecaciones totalmente vanas.
-¿Ahora me dirás cuanto me quieres?- le dije poniendo mi cara a unos pocos centímetros de ella. Me escupió.
-¿Por qué haces esto? ¿Qué te pasa? ¿Estás loco?
- Sí, estoy loco, loco por ti, tan loco que esta fue la ultima cita mas romántica que se me ocurrio.
- Suéltame, suéltame, estás loco; ¡ayuda! ¡Ayuda!
- Aquí nadie te va a oír, ni siquiera todas tus parejas y amantes, esta sola, condenada, como me condenaste a mí.
Ahora no quiero ser muy explícito, pero la torturamos, no me arrepiento de nada, en mi infinita locura eso está bien, antes la amaba; ahora la odio. Pero aun moriría por ella, de hecho, lo voy hacer. Debo aceptarlo, después de un rato su llanto me petrifico e hice que pararan, la quería a pesar de todo, a pesar del odio a raíz de su engaño, de su egoísmo, de su hermosura que ya no me dejaba vivir. No les pido que me entiendan  porque ni yo me entiendo. Solo quiero que se enteren de mi historia, trágica, absurda, pero al menos no es cliché.
-Te quiero,  te quise vertiginosamente , sin tapujos , con todo mi ser, enloquecido y embrutecido con el tuyo, no te importo ; te valió un soberano culo , me usaste para subir tu ego que va en marte, egoísta , desconsiderada, te amo, maldita sea.- le dije mientras mis ojos se llenaban de lágrimas y el mundo alrededor mío se consumía.
- Yo también te quiero, por favor suéltame, no me hagas más daño, te quiero, por favor podemos hablar, solo quiero salir de acá.
- No, ya paso el tiempo de hablar y de decir cosas, se acabó el tiempo, se acabó nuestro tiempo. Lo siento.
- ¿Qué? A que te refieres, ¡de que hablas!, suéltame maldito, suéltame ya, ¡desgraciado!-dijo desesperada. Mientras mi mano se hizo con un cuchillo.
-¿Me quieres? ¿Alguna vez me quisiste?- Le dije con lágrimas en los ojos y un dolor indescriptible mientras mi  cuchillo cortaba su ser. La sangre me cubrió todo, sus gritos ahora eran un susurro quedo e intermitente.
- De verdad te quise, eras el único que me quería… - Fueron sus últimas palabras, también las ultimas que escuche. Con el mismo cuchillo atravesé lo que quedaba de mí, entre a la muerte mirándola a los ojos.


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