Hace tantos días el cursor de esta
pantalla me redujo a una tenue sombra. La
maldita barrita parpadeante sesga mi realidad y me impide escribir. Necesito
urgentemente un exilio de mí mismo y para siempre, o posiblemente enloqueceré. La inspiración arrebatada de mis noches en
vela, reemplazada por el monótono y eterno surgimiento y desvanecer del cursor es
aterradora y me está volviendo un desquiciado más, tan desquiciado como todos
ustedes, o quizás peor. Solo quiero que se enteren mi martirio, para que
ustedes también puedan sufrir conmigo.
Yo solo quería en letras vivir y surgir como
no lo puedo hacer en vida. El maldito cursor
me lo impide. Simplemente necesitaba escribir acerca de lo dantesco que me
parece el mundo, mi mundo más específicamente. El tic-tac del cursor me
transporta a peores realidades, a realidades sin letras, sin inspiración, sin
ninguna clase de arte, maldita barra.
Hace ya muchas horas, hace ya muchos días, imagine que con las letras el
mundo cambiaria, pero mi inspiración, mis ganas y mi valentía se convirtieron
en el vertiginoso tintinear del horrendo
cursor. Detesto su monotonía. Me recuerda la mía, insulsa, insonora e
incolora, mi vida en general es así, desposeída y abstracta, silencio y
lamentos en medio de los ensordecedores murmullos de un bar de mala muerte y
una botella de whisky a medio tomar. Mi vida es así. Eso a lo que yo le llamo vida es el transcurrir del tiempo
entre sentarme eternas horas frente a la pantalla vacía a contemplar esa
existencia tan dudosa del cursor y sentarme eternas horas en las barras de los
bares a dudar de mi propia existencia. Es muy extraño , siento como si es
insignificante barrita fuera el obstáculo más siniestro , ensordecedor y
peligroso que existe; ese pequeño grupo de pixeles me impide fugarme al mundo
que de verdad me gusta, al mundo que yo mismo hago e imagino como se me da la
reverenda gana - así debería ser todo- pero no, el cursor, siempre el maldito cursor,
termina por minar el último recurso de escape, de la anhelada catarsis que me
impide desfallecer ante tal monstruo al cual me le enfrento a diario, nada más
y nada menos que la vida: esa maldita zorra que nos trae a un motel de mala
muerte, acá siempre huele a orines , a
vodka , a hombre y a mujer ;a miseria ,
a perdición , pero sobre todo huele a la tan preciada muerte. Aquí nos arrastra
la vida y nos embute una botella de whisky barato en poco tiempo, nos inyecta
dosis absurdas de heroína y para terminar nos revuelca salvajemente en el piso
de la derruida alcoba solo para terminar absurdamente muriendo en medio del éxtasis orgásmico, la
heroína que nos hace levitar y el alcohol que nos hace embrutecer, así es la
vida, así es el mundo, que se le hace, yo aún sigo odiando la maldita barra,
maldita sea.
Supongo que la fuerza que antes
ejercía tal presión en mí que me hacía superar el obstáculo del cursor se ha
extinguido de mí ser. Y la extraño. Aun no tengo claro que o quien era-
sospecho, pero solo son sospechas, nada más- pero la maldita me dejo bastante
vuelto mierda. Y aquí entro en un tema sobrecogedor para mí –además del cursor
evidentemente- es el componente femenino en mi caricaturesco devenir. Las
mujeres siempre han sido fuente explicita de felicidad y miseria en mi vida-
más miseria que otra cosa, pero no viene al caso- y a fin de cuentas, inspiración,
eso es incuestionable. El verdadero tema es que no logro dar con la mujer que
se acomode a mí y por ende a mi mundo.
Cuanto daría por una mujer extravagante y suspicaz, engreída pero
humilde, desposeída y profundamente borracha, principalmente. Esa chica que me acompañe a metamorfosearme a
extraños tugurios y dejar de ser dos, si no muchos extraños habidos de los más
bajos placeres; pero al otro día, ir a
los más refinados restaurantes y selectas galerías de arte de la populosa
ciudad. Necesito una rara especie de mujer que enrolle porros descomunales
mientras leemos poesía de Neruda y contemplamos la muerte del sol en esa hora del día en la que todo parece detenerse en el tiempo mientras renace en el
cielo la luna y sus miradas tímidas. Una que me acompañe en las eternas noches
de desvelo y desesperanza para que llore
conmigo por lo martirizante que es la vida, pero lo bonito que puede ser llorar
juntos entre besos, cigarrillos y un poco vodka por la muerte que algún día nos
librara de esto. También debe tener la capacidad de emprender viajes sin
sentido a lugares por demás extraños y marginales para desde allí poder
escupirle un poco al humano, al hombre y a la mujer; al gobierno y a los gobernados;
a los vivos y a los muertos; en general a todo lo que merezca un
escupitajo, que si nos ponemos a pensarlo es prácticamente todo ,y al final
poder bañarnos en el rio contemplando como la corriente se lleva nuestra
protesta , desde el principio inútil y fútil, hacia el mar , hacia el olvido ,
hacia la vida que es la muerte y sentir el absurdo placer de bañarnos en ella,
en nuestra propia y hermosa basura, eso sí que
es la buena vida, ¿o no? . También tiene que ser artista, poeta,
escritora y música, de la misma y exacta manera como muchas veces a lo largo de
mi vida he sentido pretensiones de lo uno y de lo otro, pero al final siempre
soy nada, así tiene que ser ella, todo y la vez nada, mediocre dirían unos, completa,
tan completa como la vida sin la muerte, diría yo.
Entonces siendo imposible
encontrar mujer así, me abruma y deprime profundamente saber que la maldita
barra, el maldito cursor , será mi enemiga eterna y mi mejor amante, como todo
lo que pasa , fuente de mi más profunda miseria y mis más grandes alegrías, el
maldito cursor guiara, hasta el final de mi existencia , a costa de mi vida y
mi resistencia , las pocas letras que logre arrancarle a este teclado , lo único
que tengo claro es que lo lograre a sangre y fuego , ya nada tiene otro sentido
y menos alguna clase de destino, y que
además serán la causa de mi lento desangro, el despilfarro de mi vida , por las
malditas letras, solo por el titilar de una maldita barra.
