lunes, 13 de octubre de 2014

El Cursor.

Hace tantos días el cursor de esta pantalla  me redujo a una tenue sombra. La maldita barrita parpadeante sesga mi realidad y me impide escribir. Necesito urgentemente un exilio de mí mismo y para siempre, o posiblemente enloqueceré.  La inspiración arrebatada de mis noches en vela, reemplazada por el monótono y eterno surgimiento y desvanecer del cursor es aterradora y me está volviendo un desquiciado más, tan desquiciado como todos ustedes, o quizás peor. Solo quiero que se enteren mi martirio, para que ustedes también puedan sufrir conmigo.
 Yo solo quería en letras vivir y surgir como no lo puedo hacer en vida. El maldito  cursor me lo impide. Simplemente necesitaba escribir acerca de lo dantesco que me parece el mundo, mi mundo más específicamente. El tic-tac del cursor me transporta a peores realidades, a realidades sin letras, sin inspiración, sin ninguna clase de arte, maldita barra.  Hace ya muchas horas, hace ya muchos días, imagine que con las letras el mundo cambiaria, pero mi inspiración, mis ganas y mi valentía se convirtieron en el vertiginoso tintinear del horrendo  cursor. Detesto su monotonía. Me recuerda la mía, insulsa, insonora e incolora, mi vida en general es así, desposeída y abstracta, silencio y lamentos en medio de los ensordecedores murmullos de un bar de mala muerte y una botella de whisky a medio tomar. Mi vida es así. Eso a lo que yo  le llamo vida es el transcurrir del tiempo entre sentarme eternas horas frente a la pantalla vacía a contemplar esa existencia tan dudosa del cursor y sentarme eternas horas en las barras de los bares a dudar de mi propia existencia. Es muy extraño , siento como si es insignificante barrita fuera el obstáculo más siniestro , ensordecedor y peligroso que existe; ese pequeño grupo de pixeles me impide fugarme al mundo que de verdad me gusta, al mundo que yo mismo hago e imagino como se me da la reverenda gana - así debería ser todo- pero no, el cursor, siempre el maldito cursor, termina por minar el último recurso de escape, de la anhelada catarsis que me impide desfallecer ante tal monstruo al cual me le enfrento a diario, nada más y nada menos que la vida: esa maldita zorra que nos trae a un motel de mala muerte,  acá siempre huele a orines , a vodka , a hombre y a mujer ;a  miseria , a perdición , pero sobre todo huele a la tan preciada muerte. Aquí nos arrastra la vida y nos embute una botella de whisky barato en poco tiempo, nos inyecta dosis absurdas de heroína y para terminar nos revuelca salvajemente en el piso de la derruida alcoba solo para terminar absurdamente  muriendo en medio del éxtasis orgásmico, la heroína que nos hace levitar  y  el alcohol que nos hace embrutecer, así es la vida, así es el mundo, que se le hace, yo aún sigo odiando la maldita barra, maldita sea.
Supongo que la fuerza que antes ejercía tal presión en mí que me hacía  superar el obstáculo del cursor se ha extinguido de mí ser. Y la extraño. Aun no tengo claro que o quien era- sospecho, pero solo son sospechas, nada más- pero la maldita me dejo bastante vuelto mierda. Y aquí entro en un tema sobrecogedor para mí –además del cursor evidentemente- es el componente femenino en mi caricaturesco devenir. Las mujeres siempre han sido fuente explicita de felicidad y miseria en mi vida- más miseria que otra cosa, pero no viene al caso- y a fin de cuentas, inspiración, eso es incuestionable. El verdadero tema es que no logro dar con la mujer que se acomode a mí y por ende a mi mundo.  Cuanto daría por una mujer extravagante y suspicaz, engreída pero humilde, desposeída y profundamente borracha, principalmente.  Esa chica que me acompañe a metamorfosearme a extraños tugurios y dejar de ser dos, si no muchos extraños habidos de los más bajos placeres; pero al  otro día, ir a los más refinados restaurantes y selectas galerías de arte de la populosa ciudad. Necesito una rara especie de mujer que enrolle porros descomunales mientras leemos poesía de Neruda y contemplamos la muerte del sol  en esa hora del día en la que todo parece  detenerse en el tiempo mientras renace en el cielo la luna y sus miradas tímidas. Una que me acompañe en las eternas noches de desvelo y desesperanza para que  llore conmigo por lo martirizante que es la vida, pero lo bonito que puede ser llorar juntos entre besos, cigarrillos y un poco vodka por la muerte que algún día nos librara de esto. También debe tener la capacidad de emprender viajes sin sentido a lugares por demás extraños y marginales para desde allí poder escupirle un poco al humano, al hombre y a la mujer; al gobierno y a los gobernados; a los vivos y a  los muertos;  en general a todo lo que merezca un escupitajo, que si nos ponemos a pensarlo es prácticamente todo ,y al final poder bañarnos en el rio contemplando como la corriente se lleva nuestra protesta , desde el principio inútil y fútil, hacia el mar , hacia el olvido , hacia la vida que es la muerte y sentir el absurdo placer de bañarnos en ella, en nuestra propia y hermosa basura, eso sí que  es la buena vida, ¿o no? . También tiene que ser artista, poeta, escritora y música, de la misma y exacta manera como muchas veces a lo largo de mi vida he sentido pretensiones de lo uno y de lo otro, pero al final siempre soy nada, así tiene que ser ella, todo y la vez nada, mediocre dirían unos, completa, tan completa como la vida sin la muerte, diría yo. 

Entonces siendo imposible encontrar mujer así, me abruma y deprime profundamente saber que la maldita barra, el maldito cursor , será mi enemiga eterna y mi mejor amante, como todo lo que pasa , fuente de mi más profunda miseria y mis más grandes alegrías, el maldito cursor guiara, hasta el final de mi existencia , a costa de mi vida y mi resistencia , las pocas letras que logre arrancarle a este teclado , lo único que tengo claro es que lo lograre a sangre y fuego , ya nada tiene otro sentido y menos alguna clase de destino,  y que además serán la causa de mi lento desangro, el despilfarro de mi vida , por las malditas letras, solo por el titilar de una maldita barra. 

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