lunes, 3 de marzo de 2014

La cruzada del perdon




Al despertar miró a su alrededor, solo había oscuridad y sentía frío, un frío implacable que le helaba hasta los huesos y le recordaba que debería estar por amanecer en la ciudad.

Le pareció curioso lo que en ese momento experimentaba, era una metáfora absurda de lo que había sido su vida en los últimos meses, la transición, la realidad travesti: del día, la luz, el resplandor; a la noche, la oscuridad y a la miseria del recuerdo, el que quema el alma, asesina la memoria, algo que sólo puede ofrecer la mas pérfida ciudad, el lugar donde, a pesar de todo, él se encontraba.

Trató de pensar, de recordar, qué mal juego del destino lo había llevado hasta ese nivel de la ciudad, a la miseria del callejón,-donde la luz es un mero recuerdo de días mejores-con sus únicas pero fieles compañeras, las ratas,-pertenezco a los callejones del infierno-se dijo-y quiso saber dónde estaban los humanos en su vida.

Sin más, se embriagó en las aguas de la memoria, en el recorrido de su olvido, se halló echo a un lado, las palabras y las imágenes borrosas -pero reales- lascerándolo-. Llegó la primera, la de su esposa: alta con hermosos ojos color anís que al mirar parecían escrutar hasta el infinito, sus rasgos bien definidos,suaves,armoniosos tal como si un escultor griego la hubiera detallado sólo para él, recordó sus rizos negros, brillantes como un diamante, refulgentes como la noche con la más hermosa luna y al fin comprendió que la había tenido en tiempo pasado como un acierto ¿del destino?¿acaso Dios? No importaba, lo único que sabía era que como alguna vez la tuvo alguna vez la perdió. Recordó a su hijo ya todo un hombre, con 17 años, atlético, alto, inteligente, ágil deportista y buen lector, si, un buen hijo que estaba ahora en lugares inciertos con el recuerdo de un padre ebrio de estupidez y con el sentimiento de odio asociado a una relación marchita.

Quiso pensar en sus aciertos, en su empleo, en su esfuerzo, su posición, el contraste con la situación que ahora lo engullía, una vez abogado, defensor de ricos, de corruptos, de ladrones con cuellos blancos,-cobraba más de lo que robaban. – pensó-Naturalmente, sobornó jueces y presionó a camaradas, llevando el proceso burocrático siempre tan torpe, tan lento a su tope para sacar una buena rebanada del pastel de la pseudodemocracia, su aliada y su protegida y ahora que se encontraba en la alcantarilla que se traga la podredumbre de la sociedad, su enemiga. Lo abrumó su realidad, un indigente, un desechable, un don nadie, la basura moderna, el desperdicio del consumismo-lo que no sirve se vota-dijo alguna vez- ahora eso era él. Recordó al fin el fatídico día, el inicio de su desdicha, la incomodidad en la casa, el tiempo en la oficina, las miradas de reojo a su remarcable secretaria y su matrimonio en declive.-todo se fue a la mierda ese mismo día.-gruñó-Salió temprano del trabajo, en lugar de ir a casa,-que en esos días se había reducido a la menor expresión de hogar-decidió ir en busca de sensaciones a un bar donde solía concretar tratos con ciertos clientes. Una vez allí, reconoció rostros, personalidades: concejales, congresistas, diputados… representantes de su país, de la justicia; embriagados, protegidos en los brazos de prostitutas (que exhibían sus cuerpos muchas por placer la mayoría por necesidad, en espera de una paga que poco a poco las sacaría de pobres)-pobres, sí, ilusas por supuesto.-se dijo- en el anonimato que provee la ignorancia del pueblo. De pronto una hermosa chica lo sacó de sus cavilaciones cuando le dijo-

-¿Quieres compañía guapo?- ¿por qué no lo haría? lo tomó del brazo y lo llevó a uno de los elegantes cuartos de la parte trasera del mismo bar. Al llegar le dijo-dame 100.000 y seré tuya un rato- él metió dudoso la mano en su bolsillo, sacó un fajo de billetes y se los entregó, y antes de ser infiel a su esposa por primera vez en mucho tiempo la hermosa chica sacó una pequeña bolsa con un polvo blanco-Esto es para relajarnos, es cortesía de la casa, ten, pruébalo- ¿de verdad lo haría?¿se drogaría? ya estaba allí ¿no?, así que la tomó y aspiró de la manera en que la chica le indicó. Después se perdió entre las curvas de aquella desconocida.

Ahora repudiaba con todo su ser ese momento, ya lo había descubierto, fue el detonante de su catástrofe, de su hecatombe personal, de su desdicha infinita debido a ese pequeño desliz, se convirtió en un drogadicto consumado y posteriormente alcohólico.

Lo comprendió todo de golpe, una cosa había llevado a otra, el alcohol lo hizo odiar a su hijo, golpear a su esposa, luego vino el divorcio. Su felicidad en la basura como en un abrir y cerrar de ojos, todo al desbarrancadero, al precipicio sin salida de lo que sería después su propio remordimiento. Pasaron los días, el juicio, la burocracia que él ejerció por su cuenta lo hizo salir con todo, no le dio nada a su esposa o hijo,-¿como iba a permitir que seres tan despreciables obtuvieran algo de él?-en ese entonces pensaba.- pero en ese momento se permitió llorar, agarrarse del viento y sufrir las consecuencias de su propia estupidez, solo se podía permitir seguir recordando…De la noche a la mañana su considerable fortuna desapareció como desaparecen vidas cada segundo en este planeta, en cuanto a su dinero él fue el único culpable de malgastarlo: en mujeres drogas y alcohol. No fue mucho después que el buffet de abogados al que pertenecía se diera cuenta de que ya no era un elemento útil, la sociedad se encargó del resto. Al poco tiempo lo despidieron y se vio rodeado del cuello por la soga financiera, desempleado, con cuentas exageradas por pagar en incluso una hipoteca.
Declararse en bancarrota no sirvió de nada, perdió su casa, su carro, los vestigios de su vida, allí murió, y allí nació lo que era ahora.

Empezó deambulando por las calles, pidiendo caridad, una mísera limosna, se dio cuenta del egoísmo de la gente, de la poca solidaridad y del desprecio por el otro, se sintió excluido y perdido en un mar de basura que ahora llamaba hogar. Ya no pudo recordar mas, el dolor de cabeza era tremendo, y sabía que hace unas horas estuvo a punto de morir por la alta dosis de heroína que se había inyectado y no podía dejar de preguntarse ¿Por qué no murió como la rata asquerosa que era?¿Que clase de broma era la que le jugaba el destino?

Miro al horizonte y vio al sol que se asomaba iluminando de nuevo aquella ciudad que tanto odiaba, el dolor mermó y pudo ponerse de pie y sentir el calor de ese nuevo día, de golpe comprendió porqué sobrevivió hace unas horas, comprendió que como la noche llega siempre habrá un amanecer que traiga consigo calor,luz,iluminación,sabía que necesitaba reivindicarse con el mundo, ¿su esposa, su hijo, dónde estarían?¿Serían capaces de perdonar todas sus faltas y porquerías?¿Podría recobrar su vida de alguna manera? No, ya no quería su antigua vida, él ahora era alguien nuevo, él estaba dispuesto a hacer lo justo,lo bueno hasta el final de sus días, así se arregló un poco la maraña de pelo, se alisó la barba, exhaló y emprendió la marcha hacia el horizonte, hacia la luz, hacia el calor. Ese día, inició la cruzada del perdón.

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