Mañana, a las 4 de la tarde el mundo se detiene.
Los ojos ansiosos, las manos sudorosas y el corazón en la
mano. El latido rítmico y confiable se detendrá. La selva por unos instantes estará
en completo silencio. Los cóndores desde el cielo expectantes contemplaran. Los
páramos silenciosamente exhalaran toda el agua y toda la vida. Mañana, a las 4
de la tarde, todas las víctimas de años y años de matanza tendrán una lagrima
lista para ser desenfundada en el nombre la justicia y la memoria de todos
nuestros muertos.
Mañana, a las 4 de la tarde, el tiempo pasara como si fueran
los cientos de años de ignominia condensados en tan solo unos segundos. Pero inexorablemente
el tiempo pasara, poco a poco, pasara. Tantos corazones unidos y expectantes miraran
una pantalla henchidos de esperanza y cargados de una inconmensurable cantidad
de sueños frustrados listos a ser complidos por fin.
El gigantesco suspiro de alivio, el grito de alegría y la
lagrima de redención llegaran a las 6 de la tarde; explotaran en una supernova
de esperanza que recorrerá valle, montaña, rio, selva, paramo, costas y
ciudades; se desatara un maremoto gigantesco en todas y cada una de las casas
que por años han sido ninguneadas, pisoteadas y oprimidas; llegara un huracán jamás
antes visto a todas las tierras despojadas, violentadas y humilladas. El grito
de victoria explotara tan poderoso como una bomba atómica de dignidad.
Mañana, a las 6 de la tarde, las generaciones una y otra y
otra vez condenadas a la eterna soledad de la violencia, la humillación y la
transparencia: ¡por fin podrán existir! Los nadie desde cada casa, finca y
calle podrán exclamar fuerte y claro que existen, que están acá, que sienten,
piensan y quieren. Desde la casita mas chiquita en el lugar mas apartado, hasta
la caótica Bogotá, Colombia nacerá, llegará vital, radiante, sonriente y vivaz. Llegara para por fin, vivir. Vivir en paz.
Mañana, a las 6 de la tarde, los corazones por fin latirán a
un solo ritmo, las gargantas explotarán en un solo grito, todas las manos se unirán
en un solo y gigantesco abrazo. La selva bramara de felicidad y los indígenas de
nuevo la sentirán suya. El Páramo, las cordilleras y los valles exultantes exclamaran
junto a sus ancestrales pobladores el grito silencioso de la sabiduría. Los cóndores asombrados se regocijarán con el
resto de los animales. Todos aquellos hermanos y hermanas que cayeron presos
del odio y la violencia desde la eternidad saltaran y gritaran y por fin sabrán
que su lucha jamás ha sido en vano y también, que nunca serán olvidados.
Mañana, a las 6 de la tarde. El mundo empezara de nuevo.
Tendremos una segunda oportunidad sobre la tierra, en el horizonte alumbrará la
esperanza y el futuro será, al fin, completamente nuestro.
Y será hermoso.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario