Un fantasma ronda por los pasillos de los colegios, un monstruoso Leviatán
se alza ante nuestros ojos, es el fantasma de una nueva libertad y una nueva educación.
Todas las fuerzas institucionales y gubernamentales se han unido en su contra
él: el congreso, el ministerio de educación, los colegios públicos y privados,
los rectores, los maestros y hasta algunos estudiantes.
Hay que mirar la educación actual, a los pobres chiquillos no se les enseña
amor al conocimiento, esa necesidad honda que nos atraviesa y nos
define en letras o números, el placer de ser en otras realidades, en
otras dimensiones de nuestro pensamiento, de lo fantástico, de lo irreal, el
gusto increíble de enterarse de asuntos reveladores, la maravilla que es saber
y asombrarse, ese equilibrio interior que otorga el pensamiento.
No, se les exige otra cosa: resultados, cifras verificables, una dimensión
que atraviesa el pensamiento y se plantea encasillarlo, definirlo,
limitarlo. Y las consecuencias son un desastre: la real visión, como sesgada,
acaso nublada por fantasmas (realmente espectros para algunos), esos números
que ponemos en las hojas que ahora se convierten en nuestros nombres, en
nuestros más fieles reflejos, ¡ahí va diez!, o , ¡aléjense de
tres!, los números cuadriculados que se van cargando de nuestra
vida y atraviesan las dimensiones, dando pasos a la realidad, y esos niños
(muchas veces brillantes), resultan aplastados por el peso de una
educación efectista y mediocre.
¿A qué responde esto?
A que una obra de arte auténtica siempre será una piedra en el zapato de
una cultura, siempre será incómoda para las estructuras de poder, sospechosa de
llevar consigo un mensaje inquietante, desagradable para los radicales y los fanáticos,
rechazada por los irracionales, repugnante porque nos recuerda algo que siempre
y a cualquier precio queremos ocultar: nuestra miserable condición humana.
Eso quiere este documento, recordar, incomodar, atacar aquellas estructuras
de poder engrandecidas y sumamente despiadadas, si, sí que lo es, ya es hora,
es el tiempo, mis hermanos, todo humano debe ser aludido por este mensaje, sin
excepción ni falta, es momento de exponer sobre la faz del mundo sus conceptos,
sus fines, sus tendencias, que opongan a la leyenda del fantasma del
pensamiento un manifiesto en movimiento, visible, fuerte y revolucionario.
Es tiempo de decir no más, nadie es dueño de nadie, cuando un gobierno se
torna tiránico y opresor, el deber de los justos es derrocarlo a cualquier
costo, pero por los medios más pacíficos y diplomáticos, porque de lo
contrario, nada sería diferente luego. Y esto es necesario porque tenemos
derechos, derecho al libre pensar, derecho a ayudar y ser ayudado, derecho a
oponernos abiertamente a algo que consideramos sumamente injusto y muy de corte
medieval.
Así que aquí yace el llamado, aquí yace el futuro, no el nuestro sino de
los que vienen, la máquina social caerá por los lazos de libertad, el arte
atacará con su dulce creatividad, dejaremos nuestro letargo, nos levantaremos
como hermanos, atrapemos nuestro destino arrebatado, lo tenemos en las manos,
las autoridades cegadas caerán, nuestras almas gritaron un himno de paz, el
fuego de nuestros corazones no apaciguara, llegó la hora de luchar.
¿Hasta dónde llegaremos? El fin no importa desde el punto de vista de la
lucha.
Porque no llegar es también el cumplimiento de un destino.
07/05/2013
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