sábado, 16 de abril de 2016

Un Manifiesto , entre tantos...



Un fantasma ronda por los pasillos de los colegios, un monstruoso Leviatán se alza ante nuestros ojos, es el fantasma de una nueva libertad y una nueva educación. Todas las fuerzas institucionales y gubernamentales se han unido en su contra él: el congreso, el ministerio de educación, los colegios públicos y privados, los rectores, los maestros y hasta algunos estudiantes.
Hay que mirar la educación actual, a los pobres chiquillos no se les enseña amor al conocimiento, esa  necesidad honda  que nos atraviesa y nos define en letras o números, el placer de ser en  otras realidades, en otras dimensiones de nuestro pensamiento, de lo fantástico, de lo irreal, el gusto increíble de enterarse de asuntos reveladores, la maravilla que es saber y asombrarse, ese equilibrio interior que otorga el pensamiento.
No, se les exige otra cosa: resultados, cifras verificables, una dimensión que  atraviesa  el pensamiento y se plantea encasillarlo, definirlo, limitarlo. Y las consecuencias son un desastre: la real visión, como sesgada, acaso nublada por fantasmas (realmente espectros para algunos), esos números que ponemos en las hojas que ahora se convierten en nuestros  nombres, en nuestros  más fieles reflejos, ¡ahí  va diez!, o , ¡aléjense de tres!, los números cuadriculados  que  se van cargando de nuestra vida y atraviesan las dimensiones, dando pasos a la realidad, y esos niños (muchas veces brillantes),  resultan aplastados por el peso de una educación efectista y mediocre.
¿A qué responde esto?
A que una obra de arte auténtica siempre será una piedra en el zapato de una cultura, siempre será incómoda para las estructuras de poder, sospechosa de llevar consigo un mensaje inquietante, desagradable para los radicales y los fanáticos, rechazada por los irracionales, repugnante porque nos recuerda algo que siempre y a cualquier precio queremos ocultar: nuestra miserable condición humana.
Eso quiere este documento, recordar, incomodar, atacar aquellas estructuras de poder engrandecidas y sumamente despiadadas, si, sí que lo es, ya es hora, es el tiempo, mis hermanos, todo humano debe ser aludido por este mensaje, sin excepción ni falta, es momento de exponer sobre la faz del mundo sus conceptos, sus fines, sus tendencias, que opongan a la leyenda del fantasma del pensamiento un manifiesto en movimiento, visible, fuerte y revolucionario.
Es tiempo de decir no más, nadie es dueño de nadie, cuando un gobierno se torna tiránico y opresor, el deber de los justos es derrocarlo a cualquier costo, pero por los medios más pacíficos y diplomáticos, porque de lo contrario, nada sería diferente luego. Y esto es necesario porque tenemos derechos, derecho al libre pensar, derecho a ayudar y ser ayudado, derecho a oponernos abiertamente a algo que consideramos sumamente injusto y muy de corte medieval.
Así que aquí yace el llamado, aquí yace el futuro, no el nuestro sino de los que vienen, la máquina social caerá por los lazos de libertad, el arte atacará con su dulce creatividad, dejaremos nuestro letargo, nos levantaremos como hermanos, atrapemos nuestro destino arrebatado, lo tenemos en las manos, las autoridades cegadas caerán, nuestras almas gritaron un himno de paz, el fuego de nuestros corazones no apaciguara, llegó la hora de luchar.
¿Hasta dónde llegaremos? El fin no importa desde el punto de vista de la lucha.  

Porque no llegar es también el cumplimiento de un destino.                                                                                                    07/05/2013                          

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