Si nada nos salva de la muerte
¡Que el amor nos salve de la vida!
De una vida de sollozos.
De noches ponzoñosas.
De días extraviados.
De ojos aturdidos.
De brazos extenuados.
Que nos salve de esas noches,
que nos salve de esos días
que me salve de la vida,
el amor que hay en tus ojos.
De la muerte soy amigo;
de la vida soy sirviente.
En la noche soy murmullo;
en el día muero lentamente.
En tus ojos estoy perdido,
en tus brazos soy valiente,
y aunque nada me salve de la muerte,
tu amor en el ocaso
del abismo y de la muerte
me sonríe desde lo alto
y me exclama lentamente:
No sé qué encuentres en el fondo,
en lo profundo de la tierra.
Solo sé que aquí o en otro mundo
mi amor irresoluto,
como un loco endemoniado
desbordando amoríos y alegría
Te seguirá.
Te arropara.
Te protegerá.
Te amara.
Y lo volverá hacer
Más de lo que pueda.
Te volverá Amar.
¡Y
la miserable vida!
Estará
distante
¡Y la
inevitable muerte!
Estará
sonriente
Y el amor en un suspiro
en la noche más oscura
quedamente me dijo:
¡Te
amo con locura!
Vida
mía.
¡Te
amo con locura!
Muerte
mía.
Para la bebé.

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